‘The Affair’, descensos y caídas

¡CUIDADO, SPOILERS!

Se comenta algún dato de la trama de la segunda temporada.

Secretos de un matrimonio. O de varios, en este caso. Uno de los pilares de carga de The Affair siempre han sido los secretos. Es más, quizás sea la vértebra que sostenga en pie toda la anatomía de la serie creada por Hagai Levi. En esta segunda tanda de episodios no podía ser de otra manera, así que los secretos han vuelto a cobrar importancia y, por extensión, a cobrarse víctimas. Tenía que ser así. Ya estaba escrito en el final de la primera temporada.

La segunda tanda de episodios ofrecía, de inicio, un cambio sustancial respecto a lo que vimos en la primera. Esta vez todos los personajes, los cuatro, iban a ofrecer su testimonio de la misma forma que lo hiciesen Noah y Alison en el decálogo de capítulos con el que se inició esta turbulenta historia. La narración en dos tiempos –el pasado rememorado por los personajes y el presente en el juicio– ha continuado y ha servido, por ende, para incorporar a los ya existentes de Alison y Noah, los puntos de vista de los dos personajes en discordia, Helen y Cole.

El movimiento de introducción de nuevos perfiles ha servido, entre otras cosas, para comprobar las consecuencias externas del affaire que mantuvieron el escritor y la enfermera-camarera durante la primera temporada, que concluyó con su declaración como pareja. Evidentemente, esta decisión tenía que traer consecuencias a los entornos de ambos personajes y así ha sido. Durante la primera mitad de los episodios, los puntos de vista se han alternado entre los cuatro personajes, precisamente, para mostrar esas secuelas. De esta forma, mientras Noah y Alison vivían su situación aparentemente idílica, los recuerdos de Cole y Helen nos mostraban la caída y el descenso a los infiernos más cotidianos de los que sufren en la sombra las decisiones que no pueden controlar. Tal vez el ejemplo más claro de esta caída sea la parte de Helen en el episodio 2×04, con su memorable pérdida de papeles ante la policía, primero, y ante Noah y el resto del mundo posteriormente. Para Cole, carente de vínculos tras su ruptura con Alison y con su familia, la primera parte de la segunda tanda de The Affair supuso un triste y rutinario deambular en un taxi que bien podría representar su propia mente, su soledad o sus remordimientos.

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Helen canta Changed the Locks de Lucinda Williams antes de perder las riendas. Memorable escena.

Mientras tanto, los dos protagonistas de la primera temporada parecían disfrutar de un entorno mucho más confortable. Aunque nada más lejos de la realidad, pronto surgirían las dudas, los secretos, los reproches y la desconfianza. Seguramente, para muchos, la estancia de la pareja recién constituida en el caserón de Robert e Yvonne, matrimonio amigo de los Solloway que les presta su casa hasta que encuentren algo para que Noah concluya su novela, sea la espita de todo este tambaleo. Lo cierto es que, desde entonces, entre ellos dos, aparentemente mucho más férreos en un principio, también se instaló la duda y el secreto como elemento de “progreso”. Los reproches, las miradas furtivas, la desconfianza y, en definitiva, el ocultismo también se ha convertido en la forma de relacionarse de esta nueva pareja formada por Alison y Noah. Ni ella ha terminado de sentirse a gusto en su nueva situación, ni él ha conseguido comprender lo que conllevaba estar con Alison de una forma más perenne. Y, en cierto modo, es algo normal si tenemos en cuenta que, al principio de la segunda tanda, se puede decir que son dos personas que aún no se conocen bien pese a haber vivido un romance tan intenso.

Por eso, tras comprobar este cúmulo de decisiones que afectan al cuarteto central, pero también a los secundarios (los hijos de Noah o el hermano de Cole, Scotty), no es nada casual que la exitosa novela que publica Solloway, en la que recoge todos los hechos que vivió en la primera temporada, se titule Descent (Caída). Al fin y al cabo, es lo que nos está mostrando The Affair desde su primer aliento: una caída irremediable y un intento de lidiar con ella desde una diversa amalgama de perspectivas. Sí es cierto que en estos doce episodios –quizás alguno más de los que le hubiesen venido mejor a la serie– los personajes han tenido también episodios de luz entre tantas tinieblas. Tanto Noah como Alison han experimentado la parte buena de su nueva situación, se han amado e incluso ya han tenido un hijo juntos (?), aunque todo esto haya tenido un reverso oscuro hacia el final de la temporada; pero también Cole y Helen, el primero con su nuevo amor y boda en los últimos episodios con Luisa, y la segunda con los lapsos de desahogo que le ha permitido su posesiva e irritante madre y, paradójicamente, en todos aquellos momentos que ha compartido con su ya ex marido Noah tras la separación. Pero, como ha ocurrido con el resto de personajes, todas estas pequeñas ilusiones de paz y tranquilidad han terminado por quedarse en eso: meras figuraciones (¿trampas?).

Cole y Luisa, en una de las escenas.

Cole y Luisa, en una de las escenas de la temporada.

La segunda temporada de The Affair ha avanzado en varias direcciones, pero si existen dos en las que la evolución haya sido notable son la situación emocional de los personajes y el desarrollo del juicio contra Noah Solloway por la supuesta muerte de Scotty, que ya sobrevoló la serie durante su primera temporada. (Sin spoilers, hay que decir que en el último episodio parece arrojarse luz definitiva sobre este hecho, con una sorpresa ¿inesperada?). En el caso de los vaivenes emocionales de los personajes han predominado las carreteras de doble sentido, multitud de giros ciegos (en ocasiones tal vez demasiado), e idas y venidas, en los que todos los secretos han salido a la luz de forma gradual y cada personaje los ha ido aceptando (o no) como ha podido. Respecto al juicio, cabe destacar la forma en la que The Affair ha seguido supeditando su narración principal a las declaraciones de los personajes, ya sea en la corte, en el despacho del abogado o en la celda de reclusión. Esta apuesta ha permitido a Hagai Levi continuar por la senda del desconcierto y la focalización múltiple que estableció en la primera temporada, si bien es cierto que finalmente la decisión de incluir los puntos de vista de Helen y Cole, pese a ser interesante para mostrar las consecuencias de los actos pasados, parece más bien un mero accesorio que un elemento con relevancia real (la mejor muestra de ello es que en la resolución y el último tramo de la temporada el peso lo han vuelto a tener las versiones de Noah y Alison). No obstante, lo que sí está claro es que la segunda temporada ha propuesto una cierta ruptura con lo anterior, un paso adelante en este juego de voces y memorias que ha mantenido, en cambio, la esencia primordial ya establecida, y que ha culminado con un giro interesante que abre nuevas perspectivas para la futura temporada que ya ha anunciado Showtime. Eso y secretos, por supuesto, una nueva corriente de secretismo para tensar nuevamente la cuerda hasta los límites. ¿Qué nos traerá la tercera temporada: habrá después del descenso y la caída, por fin, un nuevo ascenso?

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.

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