‘The Affair’, el culebrón sofisticado y la crítica hipster

The Affair es sin ninguna duda una de las sorpresas televisivas que nos ha dejado el final del 2014. Un drama subjetivista, en el que el diferente punto de vista de los protagonistas sobre acontecimientos pasados nos propone un puzzle cuyas piezas deberemos encajar los espectadores. Una historia pequeña, cuyos matices son ampliados y analizados con detalle, bien dirigida y protagonizada por unos actores en estado de gracia con todas las papeletas para llevarse algún premio esta temporada.

El culebrón sofisticado

The Affair ha sido una de las ficciones televisivas que más he disfrutado últimamente. Pero a pesar de que me parece una serie notable, no puedo evitar tener la sensación de que estamos ante un culebrón de los de toda la vida, con un giro manierista.

Estéticamente destaca, el formato sorprende, The Affair respira calidad desde sus cuidadísimos títulos de crédito, pero lo que subyace en el fondo no dista mucho de los culebrones venezolanos a los que mi abuela se enganchaba en las sobremesas de los años noventa.

El cliffhanger final es una buena prueba de ello. Si la serie hubiera terminado en el último capítulo de la primera temporada aún podríamos estar hablando de algo distinto, pero el (previsible) giro final y la premeditación de dejar todas las tramas abiertas para la confirmada segunda temporada no hace sino desenmascarar un recurso de enganche que ya hemos visto mil veces.

La crítica hipster

Esto me lleva a la siguiente reflexión: ¿Tiene sentido dedicar tiempo a analizar The Affair? ¿Es un producto cultural complejo o es un mero entretenimiento televisivo enmascarado de sofisticación? 

Soy consciente de que la pregunta desafía la intencionalidad de esta revista, que creamos para analizar las series como productos de cultura de pleno derecho, susceptibles a dobles y triples lecturas. Pero ¿hasta qué punto sobreanalizamos en algunas ocasiones? ¿Es analizar The Affair sacar de donde no hay?  A veces tengo la impresión, como afirma Victor Lenore, que los críticos culturales contemporáneos tendemos a…

«[…] analizar las campañas publicitarias de Media Markt con la misma solemnidad y detalle que los ensayos de Kant. Parece que el no va más de la modernidad sea escribir densas reflexiones sobre los infinitos niveles de interpretación de los taquillazos de Hollywood, los anuncios de Nike y las canciones de desamor del grupo indie The Magnetic Fields.»

Victor Lenore – Indies, hipsters y gafapastas. Crónica de una dominación cultural

El caso más claro de lo que a veces podemos identificar como postureo crítico (o crítica hipster) lo percibí hace unos meses con la reacción mediática a True Detective, ficción televisiva que fue catalogada como obra maestra por muchos tras apenas dos capítulos emitidos. ¿Qué sentido tiene eso? ¿Qué objetividad podemos esperar de los que confunden el fanatismo o el hype con la crítica cultural?

La serie de HBO destacaba en muchos aspectos, pero el tiempo ha ido desinflando la burbuja y demostrando que, si bien era un magnífico y cuidadísimo entretenimiento, las sobreinterpretaciones y los elogios fueron un tanto excesivos, alimentados sin duda por el renombre de la cadena y los actores protagonistas.

Tras unos meses de decepciones en el medio, The Affair fue recibida como un soplo de aire fresco, una serie inesperada y sin duda recomendable. Pero no nos engañemos, The Affair es un entretenimiento muy cuidado, pero no marcará un antes y un después, saldrá de nuestra cabeza tan rápidamente como entró.  

The Affair es buen culebrón (en el mejor sentido del término), es un producto de entretenimiento de calidad, y eso debería ser suficiente. A veces está bien dejar la solemnidad a un lado, dejar de buscar incansablemente a Shakespeare en la pequeña pantalla y simplemente dejarnos llevar por un guión de los que enganchan.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.