‘The Affair’, los pozos de la memoria

¡CUIDADO, SPOILERS!

En este análisis se revelan datos de la primera temporada de ‘The Affair’.

“Romeo y Julieta son niños. Son inocentes. Nunca han hecho daño a nadie, nunca han traicionado a nadie; eso es así porque son inocentes, su amor es puro. […] Shakespeare nos intenta decir que el amor puro no puede prosperar en un mundo imperfecto.”

El affair y las relaciones. Amor puro frente a amor racional

Las palabras que encabezan este artículo las utiliza Noah en una de sus clases para explicar el amor shakespeariano a sus alumnos. Pocos minutos después, en una conversación en la consulta de la terapia de pareja, Helen intenta explicar el porqué de que ambos acabasen casándose. La teoría que desarrolla tiene que ver con el amor racional, con el amor a través de la seguridad que otorga la otra persona.

“Pensaba que eras seguro. […] Podría haber tenido a cualquiera… cuando era joven. Siento si suena presuntuoso, pero es la verdad. Y te elegí a ti. […] Sabía que nunca me engañarías. No te irías, y serías un buen padre y tendríamos una buena vida y envejeceríamos y moriríamos juntos. Y todo el mundo hablaría de lo afortunados que somos y de la buena elección que hice.”

Esa dicotomía entre el amor racional, ese que nos viene dado desde la cabeza, y el amor puro, siguiendo las palabras de Shakespeare, ese otro que nace de los instintos, ha sido uno de los pilares que han sustentado esta primera temporada de The Affair. La aventura entre Noah y Alison, que ha centrado la historia y ha funcionado como tronco del que se ramificaban el resto de narraciones, ha representado los dos tipos de amor a los que se ha enfrentado Noah; el amor puro o instintivo, personificado en Alison (una Ruth Wilson que firma una de las interpretaciones del año), y el amor racional o mental, su mujer Helen.

A través de ese affair que da título a la serie, la ficción de Showtime ha ido entrando sutilmente en la mente de sus protagonistas. El guión ha dispuesto pivotes en torno a los dos personajes centrales, Alison y Noah, para hacer recorrer a su relación múltiples estadios (confesiones, puestas en claro de hacia dónde va su relación, mentiras, etc.).

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La estructura narrativa fragmentaria. La verdad como construcción, lo volátil de la memoria y el pasado traumático

La primera temporada de The Affair ha sustentado toda su fuerza narrativa en la estructura fragmentaria de su historia. La dualidad de puntos de vista ha ofrecido a la producción un jugoso filón para desconcertar al espectador y hacer avanzar la historia con varias posibilidades siempre abiertas.

Esta estructuración en dos líneas narrativas (Alison y Noah) cristaliza en una historia de historias. Incluso podríamos hablar de historias distintas que se suceden paralelas entre sí. Existen elementos que juegan papeles distintos según quién narre la historia (test de embarazo, las notas, los cambios en la ropa de los protagonistas, etc.). El guión de The Affair es una versión escrita de los juegos de espejos distorsionadores, esos que, en los parques de atracciones, engordan, empequeñecen o estiran hasta límites a quiénes se miran en ellos. Hasta los caracteres de los personajes son completamente distintos vistos a través de los ojos del otro (Alison, mucho más sexy en la versión de Noah; este, mucho más decidido en la de ella). Este juego de versiones viene condicionado por el relato desde el futuro y concluye además en una dosificación de información que hace avanzar la historia con una tensión latente, como un puzle que muestra un dibujo muy poco a poco, pero al que le faltan siempre algunas piezas.

El pasado traumático de Alison y su marido, Cole, que sufrieron la pérdida de un hijo años atrás, lo que supuso la destrucción total de su matrimonio y su amor, es otro de los elementos clave dentro de la narración. De la misma forma en la que los protagonistas cambian la historia cuando la cuentan desde el futuro, Alison y Cole tienen diferentes versiones del hecho traumático de su pasado, al igual que diferentes maneras de afrontar la pérdida, tal vez relacionadas también con la culpabilidad que guardan sus recuerdos. La clave con respecto a ese hecho del pasado y a la relación entre ambos la ofrece en el último episodio Phoebe, la amiga de Alison. Y además apoya la teoría de la verdad como cimentación de la memoria.

“No pudisteis recuperarlo porque no era real.”

La memoria actúa como un distorsionador de la realidad; como un recordatorio de que la verdad sólo es una construcción de la mente. En cada persona, y por tanto en cada personaje, existe una verdad irrefutable (siempre desde su punto de vista). Destacable resulta, a este respecto, el trabajo de montaje de la serie, siempre poniendo el foco en los elementos precisos que tendrían importancia en la otra versión (de nuevo el test de embarazo). Sin embargo, quizás el mayor acierto de la serie haya sido colocar un elemento que se sitúa a la altura del espectador: el investigador.

El investigador, la muerte y la extensión del espectador

La multiplicidad de puntos de vista, requiebros de la historia, giros y juegos de la memoria podrían haber hecho que la historia hubiese acabado por girar en torno a sí misma y sacando al espectador de su núcleo. Para evitarlo, los guionistas incluyen el elemento de la investigación. En el 1×05 se conoce, tras varios episodios de misterio, que el personaje sobre el que se investiga el asesinato es Scotty, el hermano pequeño de Cole, marido de Alison. Es el motivo por el que ella y Noah están ofreciendo su versión de los hechos en comisaria (marcando, en definitiva, los ritmos de la narración). La figura del investigador se equipara en The Affair a la del propio espectador. El policía recibe la información de la misma forma que lo hace el que ve la serie: a través de las historias cruzadas de Alison y Noah. De esta forma, es él quien tiene que completar la historia, colocar las piezas del puzle, igual que el propio espectador tratará de intentar saber quién fue el asesinado, quién fue el asesino, o descubrir los vacíos de las historias de Alison y Noah.

Es cierto que, por momentos, la historia aturde. Esa propia multiplicidad de versiones que la engrandece también provoca que el espectador sienta que existen lagunas –porque existen– o incongruencias. Ahí es donde el investigador cobra mayor importancia, intentando atar cabos junto al espectador –aunque en determinados momentos también ayude a desconcertar al mismo.

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El entorno: la comunidad hermética

Si el investigador, que llega a una comunidad cerrada, pequeña, casi hermética, de la misma forma que Noah en sus vacaciones de verano, sin saber qué se va a encontrar allí, juega un rol de outsider (al nivel del espectador); por su parte, el entorno alcanza un papel primordial en la historia. Es allí es donde se encuentra todo el abanico de secundarios que contribuyen al misterio o la resolución de la historia. Personajes como Oscar, el camarero del Lobster Roll en el que trabaja Alison; el padre de Helen, o el propio Cole, marido de Alison, su familia y los negocios ocultos que manejan en el rancho que regentan.

El pequeño pueblo costero de los Hamptons en el que se sitúa The Affair ayuda, de esta manera, a mantener siempre el misterio sobre sus personajes. Nadie sabe nada, y en cambio todos tienen motivos, tanto emocionales como de otras índoles para haber cometido ese asesinato. Incluso con respecto a la relación central el espacio supone uno de los escollos más importantes; de hecho, con el cambio de la acción a Nueva York en los últimos episodios se hace más patente que nunca esa necesidad de la comunidad cerrada para seguir con el misterio abierto. Es el motivo de que la historia regrese una y otra vez al pueblo con diversidad de pretextos (el premio literario al padre de Helen es uno de ellos).

Los cabos sueltos

The Affair es una serie que no concluye, que siempre tiene espacios abiertos en su guión, fallas que no encajan unas con otras y provocan fricciones entre sí. Ni siquiera el final es conclusivo. La detención de Noah, la revelación de que en el futuro vive con Alison en pareja (como era de esperar al ser los dos los únicos a los que se toma declaración); nada supone un paso definitivo para que la historia finalice. Incluso existen ramificaciones de la historia que quedan ciertamente inconclusas –¿por voluntad propia?–, como la trama de la droga en el rancho de Alison o la de la creación de un centro de ocio por parte de Oscar, que enfrenta al camarero con la familia de Cole.

Sin embargo, esos cabos sueltos no necesariamente restan, más aun sabiendo que la serie dispondrá de una segunda temporada en la que el caso parece que seguirá estando abierto y candente. The Affair es una ficción, por tanto, que permite al espectador cerrar sus propias tramas en la cabeza, sin darle nada masticado, y digerir a su manera la historia mientras juegan con él desde el opening hasta el punto final.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.