‘The Bridge’, la (nueva) red policéntrica

¡CUIDADO, SPOILERS!

Si no has visto la segunda temporada de ‘The Bridge’ mejor no sigas leyendo.

Da la sensación de que a The Bridge le ha llegado la cancelación cuando más líneas narrativas acumulaba la sala de guionistas para desarrollar en el futuro. Escribía Jorge Carrión, sobre The Wire, en su libro Teleshakespeare, que la serie desarrollaba una estructura de red policéntrica en la que todos los puntos estaban interconectados en esa geografía del crimen subterráneo en que se convertía Baltimore.

“El gran número de personajes que coexisten en The Wire, el gran número de cuerpos –con sus fricciones raciales, sexuales e ideológicas– que interaccionan en el universo ficcional, sus historias horizontal y verticalmente cruzadas, convierten la representación de la ciudad de Baltimore en una red con tantos nudos y nodos, con tal grado de verosimilitud y con tal densidad literaria, que el espectador cree conocer la ciudad. Su esencia.”

No es casualidad, de hecho, que los creadores de la adaptación norteamericana de Bron/Broen hayan explicado en más de una entrevista que una de sus vocaciones era la de hacer algo similar a lo que hizo David Simon, con la salvedad de situarlo geográficamente en la frontera méjico-americana. Y lo cierto es que, más allá de que el resultado pueda gustar (o convencer) más o menos –yo creo que se queda a años luz de The Wire– esa pretensión se intuye a lo largo de toda la serie.

La segunda temporada de The Bridge retoma la situación en la que acabó la ficción su anterior entrega; y la oscurece. Narrativamente todo se vuelve de un tono cercano al negro. Todo es penumbra, opacidad, puntos sombríos (el trabajo fotográfico, en este sentido, es primordial y muy destacable). Tras una primera temporada cuyo asesinato “procedimental” sirvió para sentar las bases argumentales, y una vez resuelto –y sorteado el obstáculo de– ese primer misterio, la serie de FX ha discurrido en otras direcciones para comenzar a sentar los cimientos de lo que se intuía como un edificio de aristas más ambiciosas.

Todo empezaba a estar interrelacionado en ese emplazamiento fronterizo entre Juárez y Nuevo Méjico. En ese ambiente inhóspito, casi criminal en ocasiones, la segunda temporada ha tratado de poner el foco sobre los personajes y el entramado de relaciones que estos han entretejido a lo largo de los trece episodios. Un Marco Ruiz deseoso de venganza; un Fausto Galván, amigo de la infancia del policía, en sus plenas facultades criminales; Sonya Cross pasando por momentos tan complicados como ambiguos en su vida, con esa relación que mantiene con el hermano de la asesina de su hermana… y todo ello unido de alguna forma, más tarde o más temprano, en el grueso de la historia.

Franka Potente interpreta a Eleanor Nacht. Un gran acierto.

Franka Potente interpreta a Eleanor Nacht. Un gran acierto.

Sorprenden, en cuanto al reparto de roles, dos decisiones. Por una parte la disminución de importancia en la trama (hasta llegar a un final bastante templado) de Charlotte Millwright, uno de los personajes con aparente mayor proyección y más interesantes de la primera temporada; por otro lado, su sustitución por el personaje de Eleanor Nacht (soberbia Franka Potente, uno de los grandes aciertos de estos trece episodios). Respecto al apartado actoral, además, cabe destacar el aumento de importancia de Fausto Galván (tremendo trabajo de Ramón Franco) y la inclusión y desarrollo de una víctima del sistema como Eva, que ha permitido dar algo más de entidad al personaje de Linder a través de la relación que mantienen.

Sin embargo, no cabe duda de que el verdadero protagonismo de The Bridge ha recaído no en los personajes, meros figurantes de algo mucho más grande, sino en el propio entorno. Nuevo Méjico y Juárez, sobre todo esta última ciudad, donde se ha desarrollado la mayor parte de la trama, se han convertido en una especie de hall del infierno en la tierra. La violencia, la tensión y las herramientas propias del thriller se han adueñado de la producción de FX y se han desarrollado a través de las persecuciones que han vertebrado toda la temporada. Como si fuesen el coyote y el correcaminos (muy propios de los paisajes de la serie, por otra parte), hemos visto cómo unos se perseguían a otros: Sonya Cross a Eleanor Nacht, Marco Ruiz detrás de Fausto Galván, Steven Linder tras el capitán Robles… y los periodistas, Daniel Frye y Adriana, tras los pasos de todos en busca de una verdad muy cuestionable o, cuanto menos, ambigua.

Esta estructura de persecuciones ha sido la que, en realidad, ha hecho transparentarse a esa red de redes de la que hablaba al principio de esté análisis. La (nueva) red policéntrica, en la que todos los elementos –instituciones y agentes sociales– viven interconectados y se prestan favores unos a otros. Las corporaciones, los bancos, la policía, el cártel… Todos ellos están conectados a través de la corrupción, que se hace manifiesta en todos sus estadios posibles. Como ejemplos podemos situar la confrontación entre la CIA y la DEA debido a la ayuda de la agencia contra el narcotráfico al cártel para lavar el dinero o la implicación del capitán Robles en el secuestro y venta de mujeres, que la serie ilustra a través del caso de Eva que arrastra a Linder a intentar su asesinato con horribles consecuencias. Pero no es lo único, por supuesto, todo está enfermo en el entorno en el que se desarrolla la trama.

La relación entre Linder y Eva ha sido uno de los puntos clave de la temporada.

La relación entre Linder y Eva ha sido uno de los puntos clave de la temporada.

Para explicar esta estructura narrativa, en red policéntrica, y todas sus interconexiones, se pueden aplicar otras palabras del propio Carrión, en su artículo sobre The Wire de la citada obra Teleshakespeare, y trasladarlas al espíritu de The Bridge.

“Gracias a la circulación frenética y constante de personas, de flujo económico, de información: el latido de la ciudad está bajo escucha. La metrópolis es una malla de circuitos entrecruzados y una teleserie en red, la mejor forma de representarla.”

La segunda temporada de The Bridge, que a la postre será la última, ha ofrecido las primeras pinceladas de un lienzo que se adivinaba mucho mayor. La ficción ha sentado las bases de aquello que se presumía como las líneas narrativas futuras, fundamentalmente basadas en el narcotráfico y en cómo sus tentáculos alcanzan todas las esquinas de una sociedad carcomida por el dinero sucio, la violencia y la policéntrica y corrupta red de redes.

Adiós Sonya Cross, adiós Marco Ruiz, y adiós a la frontera y a todos sus agentes dobles. No creo que volvamos nunca a vernos (aunque hoy en día la “muerte” de una ficción televisiva no implica siempre el corte a negro definitivo); ha sido un placer.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.