‘The Escape Artist’, pájaros enjaulados

¡CUIDADO, SPOILERS!

Puede contener spoilers de la miniserie ‘The Escape Artist’.

Todo el mundo tiene hambre.

Todo el mundo tiene hambre.

Todo el mundo tiene hambre.

No es un eslogan publicitario, ni la típica cuña de un juego de niños; la frase en cuestión es la que repite una y otra vez el antagonista de The Escape Artist mientras alimenta una sala repleta de pájaros enjaulados.

¿Que quién es este hombre? Pues nada más que otro pájaro enjaulado, porque en esta ficción todos están encerrados; unos por unas cosas y otros por otras, pero todos sienten el frío de los barrotes sobre su piel. De ahí la metáfora visual con la que abre cada episodio: un movimiento panorámico de la cámara que nos lleva por la frontera que delimita el resto de la habitación del interior de las jaulas que vemos en pantalla.

Siguiendo con la asociación, lo que muestra esta serie, entre otras cosas, y sobre todo en el primer episodio, es una panorámica muy eficaz del sistema judicial británico (de su complejo funcionamiento, engranajes y sus costumbres, véase por ejemplo la peluca blanca de los jueces, aún utilizada en la actualidad, que observamos a menudo en pantalla).

Este paneo nos lleva al centro de la trama: el duelo interpretativo entre Toby Kebbell (Black Mirror), interpretando al sospechoso de asesinato Liam Foyle, y David Tennant (Doctor Who, Broadchurch), que da vida al abogado que lo defiende, Will Burton, que se erige como el protagonista absoluto de la producción.

La primera jaula para Burton acaba de cerrarse y consistirá en el dilema moral que sufre por defender a un hombre que sabe que mató a una joven y que no parece sentir ningún tipo de remordimiento (papelón de Toby Kebbell, inmenso en el registro gestual y en la modulación del carácter del villano). ¿Quién no ha pensado alguna vez que defender a un asesino debe ser muy complicado? Pero como el propio abogado confiesa a una abogada con la que rivaliza cuando ella le reprocha que defienda a alguien así: “todos tenemos derecho a una defensa”. Él proporciona la defensa a su cliente y no sólo eso sino que, a pesar de no querer ni darle un apretón de manos, se desvive por ganar el caso. Y lo consigue.

Sin embargo, tras este hecho es cuando la serie da el primer giro, el más rotundo, y Will Burton se ve encerrado en una jaula mucho mayor que la anterior. Foyle asesina a su mujer y, entonces, la abogada que le reprochaba su comportamiento con anterioridad, se convierte en la defensora del asesino. El dilema moral vuelve a estar sobre la mesa: el asesino que vuelve a la calle y las consecuencias que puede acarrear este hecho. Para Burton el mundo se ha convertido en ese momento en una inmensa e infranqueable jaula. El miedo por su hijo, el duelo por su mujer y la presión que siente por el caso, se convierten en un quebradero de cabeza para el abogado, una losa muy pesada que lo empequeñece cada vez más.

Pero no será el único. A partir del giro central, Maggie Gardner, la abogada encargada de la defensa de Foyle, interpretada por una resolutiva Sophie Okonedo (Doctor Who, The Governor), vivirá su propio encierro. La desconfianza y el recelo que siente hacia su cliente harán que viva en permanente estado de alerta. A pesar de ello, su profesionalidad no le permitirá abandonar el caso, por lo que, además, tendrá que dejar entrar en su jaula todo lo que deriva del enfrentamiento con Will Burton, que es ahora el que reprocha que ella defienda a Foyle. Un juego de espejos muy acertado, que a su vez refleja el resultado de un guion que hace que no despeguemos la mirada de la pantalla ni un minuto.

The Escape Artist es la representación de un dilema moral que conduce al duelo. La serie contiene varias reminiscencias de la última ficción británica. Por momentos nos devuelve a la memoria el fenómeno Black Mirror. La influencia de la serie de Brooker se nota mucho en la dirección de Brian Welsh, que ya dirigió ‘The Entire Story of You’, el 1×03 de la serie de Channel 4, curiosamente también con Toby Kebbell como protagonista. Sin embargo, no es la única serie a la que resuena, también existen secuencias en las que la forma de abordar el duelo familiar y la ausencia recuerdan a series como Broadchurch, más allá de la aparición de Tennant, y a Southcliffe, sin llegar nunca a la profundidad con la que ésta trata la temática del dolor por la pérdida.

Por fin tenemos una serie en la que no simpatizamos con el malo, algo que se ha puesto muy de moda en los últimos tiempos. En The Escape Artist es imposible; Toby Kebbell da mucho miedo, su sonrisa provoca terror. Nadie puede pedir clemencia por el personaje al que interpreta. Es el antagonista perfecto. No obstante, en la última media hora, con una interpretación soberbia de Tennant y el propio Kebbell, volvemos a sumergirnos en un nuevo giro, el último, que situará a Burton y Foyle en el mismo plano y hará que toda la historia se tambalee y los pájaros escapen raudos de la jaula.

Todo el mundo tiene hambre.
Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.