‘The Game’, la guerra fría con acento británico

En la generación de Wikileaks, Edward Snowden, las filtraciones y escuchas o los ataques cibernéticos del gobierno de Corea del Norte, parece que el espionaje ha vuelto a ponerse de moda también en la teleficción (Homeland, The Americans, The Honourable Woman, Allegiance … ).

Pero no nos engañemos, el espionaje en la era de la aldea global, en la que todos somos vigilantes y vigilados y en la que cualquier conversación está disponible a golpe de un par de clics expertos, resulta tremendamente aburrido. Pero si nos remontamos a los años 70 la cosa cambia. Entonces ser espía consistía en jugarse la vida infiltrándose en el campo enemigo con precarios micrófonos conectados a aparatosas grabadoras de cassette, nada de lanzar drones cómodamente desde la pantalla de tu portátil a miles de kilómetros. Parte de la gracia de The Americans consiste en explotar esa nostalgia analógica, ese mundo en el que el anonimato y la suplantación de identidad eran posibles, y en el que los individuos tenían alguna posibilidad de engañar a la maquinaria del estado enemigo, poniendo su vida al servicio de la causa.

The Game, miniserie de la vertiente americana de la BBC, también nos habla de las artimañas de los servicios secretos en los años 70, en pleno conflicto entre EEUU y la URSS. Pero el foco de The Game está en Europa, en el MI6 británico concretamente, pocas veces nos han contado la Guerra Fría desde este ángulo. El planteamiento de la serie es en principio sencillo: un espía soviético se vende al servicio secreto británico y advierte que la KGB prepara un golpe inminente en el Reino Unido, algo conocido como «Operation Glass» y que todos temen que pueda tratarse de un ataque nuclear. A lo largo de los seis episodios que dura la trama la cosa se complica con nuevas informaciones, traiciones, dobles agentes, y un sin fin de conflictos que mantienen la entretenida historia en tensión en todo momento. Desde los títulos de crédito la serie nos introduce en una atmósfera que nos atrapará hasta el desenlace final.

No voy a andarme con rodeos: The Game es una joyita, un «must» para todo amante del género. La miniserie tiene un guión inteligente y una ambientación setentera magistral, cuidada hasta el mínimo detalle, desde la dirección de arte a la absorbente banda sonora. Los personajes están perfectamente definidos y representados por unos actores de calidad, entre los que Tom Hughes (Joe) destaca especialmente por el estilo y la actitud que transmite en todo momento.

En The Game podemos reconocer el estilo británico que ya vimos en The Honourable Woman, más elegante, pausado y controlado que ese caos histriónico que es Homeland. También tenemos evidentemente ecos de Alias, serie madre del género de espías de la que todas beben en mayor o menor medida. Pero evidentemente con la que mayor relación tiene The Game es con The Americans, ya que a pesar de que los enfoques son muy distintos, ambas series comparten marco histórico y son capaces de transmitir convincentemente la paranoia de lo que imaginamos debió ser la Guerra Fría, ese periodo del siglo pasado en el que sólo había dos roles posibles: patriota o traidor, y donde uno debía preguntarse en todo momento aquello que tanto repetía Nessa Stein: «Who do you trust?».

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.