‘The knick’: Sangre, cocaina y rayos X

Extraña, densa, hipnótica, casi alienígena. Así es la banda sonora que Cliff Martinez ha creado para la serie dirigida por Steven Soderbergh y protagonizada Clive Owen, así es la sociedad de 1900 que nos presenta The Knick.

El vértigo de la modernidad

Un choque de trenes: la moralidad del siglo XIX se estampa de frente con la tecnología del siglo XX. Con sus sombreros de copa, sus enaguas o su clasismo y racismo institucional, los personajes de la Nueva York de The Knick se ven arrollados por una serie de avances técnicos que les empujarán a un futuro para el que no están ni de lejos preparados.

La evolución, también la tecnológica y social, no es progresiva, sino que hay determinados momentos de saltos al vacío. El principio del siglo pasado fue uno de ellos, al igual que el principio de este lo ha sido para nosotros. Seguro que dentro de cien años resultaremos igual de interesantes para nuestros descendientes por nuestra mezcla de tradición y tecnología digital.

El Knickerbocker, el hospital en el que se desarrolla la serie, es el testigo silencioso de esta vertiginosa transformación. En el transcurso de un año The Knick pasa de ser un hospital casi medieval a incorporar electricidad, rayos X, médicos negros y unos tremendos avances en técnicas de cirugía.

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El responsable de esto último será el Dr. John W. Thackery (Clive Owen), inspirado en el real Dr. William Stewart Halsted, con quien comparte su adicción a la cocaína. En ese momento la droga se despachaba sin receta en las farmacias, una muestra más de los convulsos despertares de la modernidad del siglo XX (por no hablan del cliffhanger final). Thackery es el arquetipo de genio torturado, distante emocionalmente y cocainómano, bien podría tratarse del abuelo del mismísimo Gregory House.

El espectáculo de la carnicería humana

Soderbergh tenía muy claro que Cinemax debía ser la cadena para The Knick. La cadena hija de HBO ofrecía una mayor libertad experimental tanto conceptual como estética, aspecto imprescindible que entendimos al ver el muy explícito piloto.

En The Knick se ve sangre, mucha sangre. Las operaciones se nos muestran con morbo y todo lujo de detalles en un quirófano-escenario lleno de espectadores, como era costumbre hasta no hace tanto, algo que no debería sorprendernos tanto a los que todavía recordamos aquellos programas de televisión donde se retransmitían operaciones quirúrgicas como si de un reality show se tratara.

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Pero curiosamente en The Knick la visceralidad explícita va de más a menos. En la segunda parte de la temporada la mayoría de operaciones se hacen fuera de cámara. Da la sensación de que la intención de Soderbergh era descolocarnos con el violento shock visual inicial para luego pasar a una dirección más sutil e introspectiva.

La dirección es precisamente uno de los puntos fuertes de la serie, así como la fotografía, la música y las actuaciones, todas ellas sobresalientes. Si acaso nos chirría algo en esta serie es el guión, no por flojo, sino por impreciso. The Knick habla de muchos temas, tantos que en ocasiones se pierde el foco sobre lo que la serie quiere contarnos.

Quizás lo mejor sea disfrutarla sin más contemplaciones y dejarse llevar por su estética única. The Knick es una serie distinta, una serie que no deja indiferente, y sin duda una de las producciones más cuidadas del año.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.