‘The Newsroom’: Periodistas contra molinos

¡CUIDADO, SPOILERS!

Contiene spoilers de la serie, y del Quijote

Elegía a The Newsroom

«Yace aquí el Hidalgo fuerte que a tanto extremo llegó de valiente, que se advierte que la muerte no triunfó de su vida con su muerte. Tuvo a todo el mundo en poco; fue el espantajo y el coco del mundo, en tal coyuntura, que acreditó su ventura morir cuerdo y vivir loco».

Con este epitafio despedía Cervantes a Alonso Quijano, mundialmente conocido como Quijote, aquel ingenioso hidalgo que osó recuperar los valores y honores de otra época para luchar contra las injusticias de su tiempo. El personaje, tildado de loco por muchos, terminó por convertirse en icono universal, referente de la lucha por las causas perdidas, arquetipo de héroes de inconmensurable idealismo.

En un estudio de televisión de cuyo nombre no quiero acordarme…

En el año 2012 Aaron Sorkin resucita el espíritu de Quijote que, como el Cid, sigue ganando batallas después de muerto. El guionista adapta la novela cervantina al contexto actual: de la Mancha a New York, del siglo XVII a la segunda década del XXI, de caballeros andantes a periodistas en una época de profunda pérdida de valores del gremio.

La crisis del 2008 supuso la demolición de la credibilidad de muchas instituciones, incluida la del periodismo (de hecho en España sigue siendo la profesión con más paro, junto a la arquitectura). Estaremos de acuerdo en que el periodismo de calidad es fundamental para mantener la salud democrática de todo país, el acceso a una información contrastada y de calidad debería ser un derecho en toda sociedad libre. Pero en los últimos años estamos asistiendo a una progresiva (y preocupante) espectacularización y banalización de los medios de comunicación.

Y en ese punto Sorkin introduce una sencilla pregunta: «¿Qué hace de Estados Unidos el mejor país del mundo? No lo es…pero puede serlo». Con este icónico discurso abría The Newsroom, una serie que ha generado extremas filias y fobias, pero que a muchos nos ha encandilado con discursos inteligentes, personajes carismáticos y una necesaria reflexión sobre el contexto actual. Ya que el debate no se genera en los medios tradicionales, Sorkin lo plantea a través de la ficción.

En un momento en el que el periodismo se mide por índices de audiencia y compite con las redes sociales por la información rápida (que no de calidad), en un momento en el que la información política está claramente manipulada y sesgada y los debates son simples jaulas de grillos de donde no se puede sacar nada en claro, Sorkin nos propone una vuelta a los valores ontológicos del periodismo. Will, Charlie, Mackenzie y compañía se embarcan en una cruzada con la honestidad por bandera y la profesionalidad como único camino.

Dos años, y dos temporadas y media después, la breve utopía llega a su fin, no sin antes dejar una puerta abierta a la esperanza. La redacción de The Newsroom se funde a negro y nos deja huérfanos como espectadores, desorientados haciendo zapping sin parar, en busca de la ficticia ACN, o de algún otro telediario en el que los valores perdidos que predica The Newsroom hayan calado mínimamente.

Encomio a Aaron Sorkin

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The Newsroom es sin duda el proyecto más polémico de Sorkin. A la prensa especializada no le sentó nada bien que un guionista tratara de dar lecciones éticas a los periodistas, sobre todo le acusaban de desconocimiento del funcionamiento real de la profesión. Quizás no deberíamos perder de vista que estamos hablando de una serie de ficción, espero que nadie piense que el funcionamiento de una comisaría de policía tiene algo que ver con lo que vemos en las ficciones televisivas, o que el gobierno de Estados Unidos tiene algo que ver con la utópica The West Wing.

La crítica siguió atacando duramente la obra de Sorkin tras el evidente bajón argumental de la segunda temporada, que sentenció la serie a su cancelación. Por suerte HBO le ofreció seis capítulos de gracia para cerrar la historia, una tercera temporada de indiscutible calidad, que aborda temas de gran relevancia como la filtración de documentos oficiales o el periodismo ciudadano a través de unos personajes mejor perfilados que nunca y su personalísimo sentido del humor. Probablemente esta temporada resuma mejor que las otras el ideal al que The Newsroom aspiraba.

Pero otra pequeña mancha en forma de polémica volvió a ensuciar la última temporada. A un capítulo del final se introdujo una trama secundaria sobre las violaciones en campus universitarios que desató la ira de muchos por su enfoque políticamente incorrecto, y que incluso provocó la expulsión de una de las guionistas, disconforme con la escena, de la sala de escritura de guión.

Quiero romper una lanza (quijotesca) en favor a Sorkin y The Newsroom, en favor de las series «de autor» en las que las ideas «parciales, apasionadas y políticas» se ponen sobre la mesa. Uno puede estar de acuerdo o en contra de los argumentos de Sorkin, pero nadie puede poner en duda su valentía a la hora de abordar temas de actualidad. ¿Peca Sorkin de moralista? quizás, pero a cambio el guionista nos invita al inconformismo, a luchar por imposibles, nos ofrece una ficción televisiva diferente, que se aleja de estereotipos, que se moja y que nos hace pensar y posicionarnos. Creo que eso, en un entorno audiovisual plagado de postureos visuales y series tan estéticas como vacías, es toda una heroicidad.

El anti-Quijote de Sorkin

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Mucho se repite ese absurdo axioma de postureo que afirma que si Shakespeare viviera hoy trabajaría para HBO, pues bien, voy a crear otro yo: si Cervantes viviera hoy… no lo haría.

Una vez lanzados los halagos y encomios merecidos, ahora vamos con algunas pegas: creo que el final de The Newsroom, es condescendiente y poco consecuente con lo que se nos ha ido planteando a lo largo de la magnífica última temporada.

La muerte de Charlie coincide simbólicamente con la de Quijote, vencido por el Caballero de la Blanca Luna, encarnado en la serie por el excéntrico nuevo dueño de la cadena. Hasta ahí todo bien. Pero en un giro de guión precipitado y poco coherente, este personaje pasa de querer despedir a Mackenzie a ascenderla como sustituta de Charlie, dejándonos la idea de que los ideales quijotescos de este continuarán luchando a través de sus discípulos.

Quijote es derrotado por la realidad, de ahí que se haga hincapié en lo de «morir cuerdo y vivir loco». Quijote muere y sus ideales mueren con él, la obra de Cervantes nos habla de la importancia de luchar por unos ideales, pero el autor no es ingenuo, sabe que la batalla está perdida de antemano. La tercera temporada de The Newsroom, con la casi cancelación del programa y la posterior degradación de este a los valores del espectáculo mediático parecían indicar que Charlie, como Quijote, iba a terminar perdiendo la batalla. El despido o la renuncia del equipo (y quizás la posterior creación de un programa propio en un medio más pequeño autofinanciado) habría sido un final más coherente con el rumbo de la trama.

Otro punto en el que Sorkin se aleja radicalmente de Cervantes es el concepto de la moralidad. En lineas generales El Quijote es un libro que critica las novelas de caballería de la época, por la moralina que estas transmitían. Cervantes, en el prologo de la obra, hace una clara declaración de intenciones al respecto asegurando que escribe para crear un mero entretenimiento en el despreocupado lector.

No hay crítica en El Quijote (a excepción de la literaria), no hay grandes lecciones, ni moralina ni moraleja. The Newsroom quizás peca de todo lo contrario, de posicionarse demasiado. Aunque tenemos que tener en cuenta que si Cervantes reaccionaba contra una literatura que daba lecciones a sus lectores sin parar, Sorkin reacciona contra una ficción televisiva vacía, y que precisamente aliena a los espectadores desacostumbrándonos a pensar. Sólo por eso, Sorkin merece mi aplauso y todo mi respeto. Somos muchos los que echaremos de menos a The Newsroom.

«-Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he caído, de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo.»

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.