‘The Newsroom’ y el imperativo moral

¡CUIDADO, SPOILERS!

Si no has terminado la serie puedes enterarte de cosas que no quieres.

Aaron Sorkin es un creador de héroes. A estas alturas conocemos de sobra su tendencia a escoger un sector laboral, público o de cualquier índole y convertir a sus protagonistas en los adalides de lo “correcto” dentro de este ámbito. Si aceptamos esto y firmamos un pacto narrativo con el creador, lo que nos deja suelen ser propuestas que abren debate –lo cual se agradece y es digno de valorar–, más allá de que guste más o menos su idealismo exacerbado (a mí no me suele entusiasmar de inicio).

Su The Newsroom no iba a ser menos. Sorkin ha creado una serie en torno a la redacción de noticias de ACN; pero no ha creado la serie en torno a la realidad (como si lo hizo, por ejemplo, la quinta temporada de The Wire, hasta la fecha la obra que mejor refleja el funcionamiento periodístico), sino en torno a lo que debería ser el periodismo. De ahí esa etiqueta de idealista.

La tercera temporada, y final, de The Newsroom ha sido un claro ejemplo de este idealismo de principio a fin. Estructurada narrativamente en cuatro focos, Sorkin ha vuelto a dar relevancia a su redacción, que ha demostrado otra vez el elevado imperativo moral por el que se guía su trabajo. Los periodistas de ACN son héroes de la ética. Lo hemos podido ver en el momento en el que la redacción –con Will McAvoy a la cabeza– se pone en pie de guerra contra el FBI para proteger a su compañero Neal y para no revelar la identidad de una fuente con documentos clasificados. Will es el máximo exponente del “héroe sorkiniano, un hombre que compromete su seguridad por encubrir el trabajo de un compañero y no revelar su fuente, en lo que considera que es propio de su trabajo. En una línea de guión se le llega a comparar (en medio de una conversación entre Jim y Hallie) con el gran adalid periodístico Ed Murrow, evidente inspiración a la hora de crear el personaje.

“No hacemos buena televisión, hacemos las noticias.”

La frase del propio McAvoy permite conectar dos de los pilares que han sujetado esta tercera entrega de la serie: la ética mencionada anteriormente y el periodismo ciudadano y sensacionalista. Muchas han sido las menciones a ambos a lo largo de los seis episodios que ha durado este final. En el 3×01 Will hace una crítica feroz del periodismo ciudadano. ACN no puede convertirse en una entidad colaborativa, eso no es periodismo, viene a decir McAvoy en la reunión (yo estoy de acuerdo). Por otra parte, la coyuntura laboral de Hallie (despedida por un tweet desafortunado) permite a Sorkin hablar de la influencia tanto del sensacionalismo (con su nuevo trabajo) como de las redes sociales (con su despido y el uso de twitter como fuente periodística). Despedida tras un uso desacertado de la cuenta oficial de la cadena, Hallie es contratada para escribir una columna en un nuevo medio digital (Carnivore). El único requisito es que redacte de forma personal, lo que acabará derivando en que escriba sobre su vida, revelando datos de su relación con Jim Harper o incluso de su antiguo trabajo en la redacción de ACN. El sensacionalismo, la carnaza periodística (haciendo alusión al nombre del medio) que hoy mueve a la mayoría de programas televisivos, se hace un hueco así en The Newsroom.

Charlie, el representante de la vieja escuela del periodismo en ACN.

Charlie, el representante de la vieja escuela del periodismo en ACN.

Esta situación permite saltar al siguiente cambio que sufre la redacción de ACN en esta tercera temporada de la producción de HBO: la compra de la cadena por un agente externo y la remodelación de sus pilares básicos de acción. Cuando Sloan –exultante con su nuevo terminal Bloomberg– y Charlie se enteran de que van a comprar la cadena se lanzan a una serie de reuniones con los interesados en pos de mantener la idiosincrasia de ACN intacta. Sin embargo, la idea de los que se postulan como nuevos propietarios es bastante distinta. Primero, los sobrinos de Charlie aseguran que pretenden comprar la cadena para desmantelarla y venderla a un mejor precio. “Se gana más dinero vendiendo cámaras que usándolas”, dice ella en la reunión. El avistamiento del peligro lleva a Sloan y el propio Charlie a buscar un nuevo comprador que mejore las condiciones de los anteriores. En esa búsqueda se encuentran con Lucas Pruit, un tipo que quiere modernizar la redacción y basar su nueva cadena en el ciudadano. Otra vez el periodismo ciudadano, las redes sociales como fuente de información y la devaluación del trabajo periodístico de campo. Finalmente es él quien se hace con la cadena e implanta este modelo hacia el final, con el grueso de la redacción en contra y tratando de desmantelar esta nueva forma de trabajar. Ilustrativo sobre ello resulta la entrevista que Sloan –qué gran personaje el de Olivia Munn– hace al creador de la app de rastreo de famosos de ACN, que permite saber dónde se encuentran los actores, deportistas y estrellas en general en cada momento (aunque el mismo reconoce, a veces es mentira). La frase con la que termina de desmontar su cuestionable trabajo vuelve a aludir a esa ética del periodismo que ha centrado la serie desde el primer episodio hasta el último.

“¿Cuál es el valor de una historia sin fuentes contrastadas?”

Esta pregunta, que evidentemente no precisa de respuesta, traslada el foco hacia lo que se convirtió en asunto central y polémico en el episodio 3×05, sin que a mi juicio tenga tanta miga como nos han hecho querer ver. Se ha hablado del machismo de Sorkin, de la negación de la mujer, de los personajes femeninos denostados por el creador. Evidentemente me refiero al asunto de la violación, la historia que Don lleva en la que una joven universitaria crea una web de denuncia de violaciones, y Pruit –recordamos, el nuevo dueño de la cadena– pide que la chica y el presunto violador acudan al programa para una entrevista conjunta. Lo único que veo en la negación de Don Keefer, o la petición que hace a la chica de que no acuda, es, nuevamente, ética periodística. El imperativo moral, otra vez como forma de actuar. ¿Por qué quiere Pruit el careo entre supuesto violador y violada? Evidentemente por el número de impactos. ¿Es ético? Permitidme dudarlo. Es lo que lleva a Don a esa negativa. No creo que él no crea que la mujer ha sido violada, no creo que considere a la mujer inferior (ni Sorkin en su boca), como se ha dicho; simplemente está abogando por otra forma de hacer las cosas que eluda el juicio y lapidación pública. Tal vez desde nuestra perspectiva estemos tan acostumbrados a ese sensacionalismo que nos sorprenda que alguien pretenda eludirlo y hacer las cosas como se debiera.

Por otra parte, si The Newsroom siempre se ha centrado en ese trabajo periodístico como foco principal, nunca ha dejado las relaciones de sus personajes fuera de campo. En esta tercera entrega no ha sido menos; hemos podido ver cómo Mackenzie y Will preparaban su boda (al final resultó tan bonita como impostada), cómo Jim se debatía otra vez entre Hallie y Maggie, para quedarse con la última (como todo espectador esperaba desde el episodio 1×01) y como Don y Sloan trataban de establecer y definir su relación de pareja (los dos han sido lo mejor de la temporada, y casi de la serie, en cuanto a esas relaciones personales). Sin embargo, en cuanto a los personajes, todo ha desembocado en un cierre precioso.

Muere Charlie. Y con él no muere sólo un personaje de la serie, quizás el más carismático. Como vemos en el último episodio, en forma de flashbacks –de vuelta al 1×01– a través de los que todos recuerdan al jefe, muere el artífice de todo. Un periodista de la vieja escuela, de los del imperativo moral como norma básica. Sorkin metaforiza en la muerte del director de News Night la de una forma de hacer periodismo (igual que Mad Men en su séptima temporada metaforizó la muerte de una forma de hacer publicidad). Los diversos televisores sobre los que la cámara panea en el 3×01 para simbolizar la sobreabundancia de información en la sociedad actual seguirán emitiendo sin parar, pero lo harán de otra forma, sin un Charlie que ha representado siempre la integridad y la deontología por encima de todas las demás cosas. Un Charlie del que recoge el testigo Mackenzie, convertida en directora de News Night, y que seguirá presente en un equipo que ofrecerá una solución de continuidad gracias a su legado. Porque el periodismo, para Aaron Sorkin, ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Y el último guiño de ello es esa despedida cíclica de Will McAvoy con un “Buenas noches” al que sólo le falta el “y buena suerte” de Ed Murrow.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.