‘The Slap (US)’ y la discordia contemporánea

Según la mitología clásica helena, la diosa Eris, molesta por no ser invitada a la boda de Tetis y Peleo, ideó una sutil venganza consistente en enviar una manzana dorada al banquete con la única indicación de que era para “la mujer más bella” de la celebración. Una descripción tan escueta y malintencionada que dio lugar a la pugna de tres diosas, Atenea, Afrodita y Hera, que concluyó tras el juicio de Paris con la guerra de Troya. El mito se conoce como el de “la manzana de la discordia” y, normalmente, es sinónimo de un pequeño detalle que origina una gran disputa.

En el núcleo de The Slap late profundamente la fábula de la manzana de la discordia. No es casualidad que la familia protagonista, tanto en este remake americano como en sus predecesoras, la miniserie australiana de 2011 y la novela original de Christos Tsiolkas, esté formada por inmigrantes griegos. Ni que el evento principal tenga lugar durante una celebración en torno a la mesa. Se puede leer como un ligero guiño a la historia mitológica. La otra posibilidad para elegir una familia de inmigrantes podría ser la cobardía por parte de los guionistas al no situar la acción en el núcleo familiar norteamericano (en este caso; australiano en la original), pero en los tiempos televisivos que corren, la opción se antoja poco probable.

Algunos de los invitados, en torno a la mesa.

Algunos de los invitados, en torno a la mesa.

De esta forma, la manzana dorada se adapta a los tiempos contemporáneos y se convierte en una bofetada a un niño por parte de su tío. A partir de entonces, la guerra se instala en la familia Apostolou y se convierte en la forma de coexistencia de sus miembros. Las rencillas comienzan a salir a flote y la vehemencia con la que defienden lo que consideran justo les lleva hasta la corte penal. En esta línea, los ocho capítulos de la miniserie concluyen con una suerte de advertencia por parte de la jueza que lleva el caso, que insta a los presentes en el juicio a no hacer de cada pequeño acto un “juicio final”, puesto que existen muchas cosas más importantes, como “un caso de violación a una niña de nueve años”, según sus palabras. La jueza llama a relativizar según qué cosas y aprender a discernir entre las cosas verdaderamente grandes y las que se pueden solucionar con un poco de voluntad.

Por otra parte, la capa más nuclear de The Slap esconde una inteligente metáfora sobre la educación y la paternidad y los derechos y obligaciones de esta. Desde los métodos más cuestionables (en un extremo y en otro) hasta los más tradicionales chocan constantemente en cada episodio, representados por los diversos personajes. Y junto a esa simbolización de la educación reside todo un tratado sobre la importancia de los actos aparentemente inofensivos o que se hacen por un bien mayor. En este sentido, tampoco es casual que, en una conversación entre dos personajes, uno utilice el atentado que dio lugar a la Primera Guerra Mundial como alegoría de la forma en la que las acciones individuales pueden subvertir y sacudir todo un mundo.

“Gavrilo Princip, el tío que disparó al Archiduque Ferdinand, creyó que estaba salvando Serbia y todo lo que hizo fue empezar la Primera Guerra Mundial […] Un evento puede tener un gran impacto.”

En cuanto a lo narrativo-estructural, The Slap se instaura como otra de esas producciones cuya forma se sitúa, en determinados momentos, por encima del fondo. Si en The Affair el punto de vista se conformaba como la principal vía narrativa de la serie, que se desarrollaba a través de sus dos versiones, las de Noah y Allison, que no siempre eran iguales; The Slap se desarrolla a través de la focalización. Cada capítulo se centra en las rutinas del personaje que da título al episodio. De esta forma, el relato central avanza (pese a una serie de señuelos fáciles en el guión) en torno a la narración de cómo los miembros de la familia Apostolou y sus amigos encajan la guerra interna que se abre entre ellos tras la bofetada de Harry a Hugo. La focalización del relato, además de recurso formal, permite conocer de una forma más profunda a los personajes centrales sin dejar de lado nunca el hilo conductor central, siempre la bofetada y sus consecuencias, siempre los actos como motor de cambio, para bien o para mal.

El reparto, uno de los grandes atractivos de la serie.

El reparto, uno de los grandes atractivos de la serie.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.