‘The Walking Dead’ (s. 5): ambigüedad moral y simulacro

¡CUIDADO, SPOILERS!

No leas si no has visto la quinta temporada.

Ya se veía venir después de la excelente recta final de la cuarta temporada, la quinta ha sido, sin duda, una de las mejores temporadas de The Walking Dead, quizás la mejor después de la primera.

El último cambio de showrunner (esperamos que sea el último) le ha sentado más que bien a la serie. The Walkind Dead ha dejado de ser «una serie de zombies» para convertirse en el fuerte drama psicológico de supervivencia al que nos tiene acostumbrados el cómic. Los personajes son ahora más protagonistas que nunca; en esta quinta temporada hemos perdido a muchos, se han introducido otros y lo más importante, a todos se les ha dotado de un trabajada evolución emocional y moral.

Carol y Rick son, sin duda, los que han sufrido un arco mayor. El final de esta temporada nos presenta a una Carol fría y calculadora, capaz de enfundarse inteligentemente en el papel de cándida señora frágil con tal de ocultar su verdadera naturaleza ante los habitantes de Alexandria. Rick sin embargo no se esconde, se ha terminado de transformar en el antihéroe que todos estábamos esperando, en un superhombre nietzscheano que no se rige ya por arcaicas reglas morales sino que configura las suyas propias con tal de proteger a los suyos. Por eso es tan importante la escena final, la ejecución a manos del nuevo Rick presenciada por los incrédulos ojos de Morgan, recuerdo viviente del Rick de la primera temporada. Las acciones de Rick son ahora dictatoriales y extremas en muchas ocasiones, pero no cabe duda de que es un superviviente nato.

El nuevo mundo necesita a Rick Grimes

Rick ha perdido toda esperanza, simplemente se enfoca en estar preparado para lo peor. Cuando un personaje como Noah intenta dejar el pasado atrás y hacer optimistas planes de futuro que implican estudiar para ayudar a la comunidad acaba despedazado por un puñado de zombies. De nada sirve cerrar los ojos hasta que todo pase, la plaga no es temporal, el mundo ahora pertenece a los caminantes y solo aquellos conscientes de esta cruda realidad podrán sobrevivir en un mundo tan hostil.

Los habitantes de Alexandria, sin embargo, viven en un simulacro civilizatorio, una farsa de normalidad comunitaria de espaldas del mundo que se pudre más allá de sus muros. ¿Cómo pueden celebrar una fiesta en pleno post-apocalípsis? ¿Cómo podemos nosotros seguir con nuestros insignificantes asuntos sociales cuando la inexorable muerte está a punto de llamar a la puerta? Los miembros de Alexandria juegan a ser ovejas en un mundo de «lobos», sin Rick y los suyos no tienen ninguna posibilidad de sobrevivir.

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Quizás el final de la quinta temporada de The Walkind Dead haya sido el menos impactante de todos. Estábamos demasiado acostumbrados a temporadas de relleno que se solucionaban con finales espectaculares que nos enganchaban para la siguiente. Esta temporada ha sido diferente, hemos disfrutado de una magnífica trama llena de conflictos morales, que ha avanzado incansable a través de más escenarios que nunca: Terminus, la iglesia, Atlanta, Alexandria… y la carretera, siempre la solitaria y áspera carretera que marca un camino sin destino por el que los personajes avanzan, como caminantes sin mayor objetivo que el de sobrevivir.

¿Qué nos deparará la sexta temporada? Muchos frentes siguen abiertos, todo parece apuntar a que no tardarán en abandonar Alexandria, forzados por esos «lobos» que andan cerca. Aunque según el productor de la serie:

«Los hombres han sido la amenaza más grande hasta ahora. En la próxima temporada esto va a cambiar. La serie se reinventa cada ocho episodios y seguiremos en esta línea.»

Mientras esperamos podemos conformarnos con Fear the walking dead, el spin-off que AMC estrenará este verano y que nos remontará al origen de la plaga, dándole quizás un mayor protagonismo a esta, ya que como sabemos en The walking dead los zombies han quedado definitivamente relegados a un segundo o tercer plano, afortunadamente ahora todo gira en torno a los personajes y su inevitable transformación moral.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.