‘The Walking Dead’ y el gato de Schrödinger

Hace apenas un año despotricaba en este medio sobre la decepcionante quinta temporada de Game of Thrones. La serie de HBO terminaba por enseñar los dientes y se sumergía por completo en una dinámica de provocación por sistema y abuso de cliffhangers con fines puramente sensacionalistas. En este sentido la season finale fue el epítome de todas estas malas prácticas. Su guión, que parecía haberse gestado dentro de una agencia de márketing más que en una sala de guionistas, planteaba una situación dramática tras otra, eclipsando la coherencia y el desarrollo de la historia en favor de la búsqueda del trending topic por encima de todo, generando polémica y tratando de mantener intacta la llama del hype hasta la próxima temporada. Lo triste es que la jugada ha resultado ser tremendamente eficaz, y apenas recordamos semana desde entonces en la que algún medio no haya especulado sobre el futuro del personaje interpretado por Kit Harington.

En aquel artículo me atreví a hablar de The Walking Dead como ejemplo a seguir. Como modelo de seriemainstream que había sabido reinventarse en su cuarta y quinta temporada, alejándose de la trama iniciada por el cómic, y la acción constante demandada por los fans, para indagar en la introspección de personajes y plantear debates morales que concluyeron en algunos míticos episodios de calidad incuestionable. Desgraciadamente todo eso ha desaparecido en la última temporada. AMC ha decidido adoptar el camino explotado por Game of Thrones y construir sus guiones con un ojo puesto en la red social de pajarito azul.

 

La sexta temporada de The Walking Dead no sólo es la peor de todas (rivalizando en el puesto con la segunda), sino también la más aburrida y tramposa. El argumento de toda la tanda de episodios no parece ir a ningún lugar y nos transmite la sensación continua de estar dando vueltas sobre sí mismo. Los personajes aparecen más planos que nunca, y no sólo no evolucionan, sino que algunos incluso parecen retroceder respecto a los avances que mostraban en temporadas anteriores. Pero lo peor de todo no es la sensación de constante déjà vu, o que no ocurra nada durante el tiempo que estamos mirando la pantalla, sino que toda la temporada parece estar articulada para combatir el tedio con escenas repetitivas de acción que ponen constantemente a los personajes en situación de riesgo, elemento que la serie aprovecha para engañar al espectador y hacerle creer en la muerte de uno de los personajes principales.

Glenn, Daryl… una caída a una jauría de zombis, un disparo, un plano demasiado corto, música de tensión, un poco de sangre salpicada a la pantalla y un fundido a negro son suficientes para alimentar la ambigüedad y el nerviosismo de los fans. La falta de ideas lleva a repetir el proceso de forma constante en la recta final de la temporada, en cuyos últimos cuatro episodios presenciamos incrédulos como nuestros experimentados y audaces personajes son secuestrados una y otra vez. Llegando así al episodio final, en el que el bate con concertinas del antagonista juega a la ruleta rusa con las cabezas de los protagonistas para acabar asestando un mortal golpe de gracia a… al cámara, pues el plano subjetivo nos impide saber la identidad de la víctima hasta la próxima temporada.

¿Qué sentido tiene ocultar a la víctima de Negan? Si la trama sigue el esquema del comic ya sabemos quién es el personaje elegido. Y si no es así, ¿qué mejor final que demostrar que la serie ha tomado entidad independiente? La respuesta, por supuesto, la encontramos en los foros y las redes sociales, inundadas a estas horas de extrañas teorías trigonométricas y análisis sonoros que intentan descifrar la identidad del fallecido. Algo nos dice que el asunto seguirá dando vueltas hasta el próximo otoño, como lo ha hecho el caso de Jon Snow hasta ahora.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.