‘True Detective II’ y el autor aéreo

¡CUIDADO, SPOILERS!

Contiene datos de la trama y resolución de la serie.

Un plano aéreo. Ese podría ser un interesante punto de partida para el análisis de la segunda temporada de True Detective. El reiterado uso del recurso –precioso por cierto, en todas sus apariciones– no ha sido un mero artefacto efectista, sino que, indirectamente, ha hablado de la situación del espectador respecto a la narración y, sobre todo, al narrador. Nic Pizzolato siempre ha estado por encima de todo en esta entrega de la serie (también en la primera). En las alturas, como narrador omnisciente y, en ocasiones, mirando por encima del hombro a sus personajes e, incluso, al espectador de la serie, como el novelista que crea un esqueleto ya cerrado antes de que el lector agarre ni siquiera la solapa del libro.

Tras la presentación pausada del entramado de protagonistas y de la propia espesura del relato que ha entretejido la ficción de HBO se esconden varios signos de autoría. Es innegable. Estas firmas, o sellos de identidad, vienen dadas en el aspecto narrativo por la continuidad de Nic Pizzolato como único escritor de la serie. El novelista ha optado por una estructura que se asemeja a la construcción de la novela, en pequeñas entregas –capítulos– no siempre con cierre y apoyado en una edificación lenta de las tramas que ha conducido al crescendo final. La temporada ha ido claramente de menos a más, situando como columna vertebral un complejo caso de enredo, traiciones y corrupciones policiales con un claro lema central: “We get the world we deserve” (Tenemos el mundo que merecemos), que apunta al corazón de todos sus personajes, y quizás de todo Estados Unidos.

En el centro, un cuarteto de antihéroes con pasados dolorosos en busca de redención, entre los que ha brillado con luz propia Rachel McAdams en su construcción de la agente Ani Bezzerides. La presentación pausada de los personajes en el 2×01 permite elaborar una cierta pizarra mental (incluso escribirla) que ayuda a situar los motores de cambio de la acción, que posteriormente se perderá en una intrincada red de giros y vaivenes (muchos de ellos ciertamente innecesarios desde un punto de vista meramente narrativo).

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Con el abandono de la dirección única (en la primera temporada fue Cary Joji Fukunaga; en esta, varios directores), la serie de Pizzolato ha perdido algo de impacto y potencia visual y, sobre todo, la solidez que proporcionaba a la imagen el estilo de un único director. Sin embargo, la factura sigue siendo exquisita, con un gran trabajo fotográfico de Nigel Bluck, que ha creado una atmósfera cargada de lobreguez y tenebrosidad. Por su parte, la puesta en escena de True Detective II ha dejado varios detalles interesantes en determinadas secuencias. Soberbio resultó, por ejemplo, el final del capítulo 2×06, en el que Bezzerides se infiltra en la red de prostitución para salvar a una joven y acaba drogada. Pero también el tiroteo con el que concluye el 2×04 (aunque pierda algo de credibilidad debido a las decisiones de algunos personajes). O todo el tramo final, y la evidencia de la sutura de tramas a través del montaje alterno, en el que ha destacado la elección de puesta en escena con la que se ha decidido mostrar la muerte de uno de los protagonistas, Frank Semyon, con unas preciosas, tétricas y sugerentes imágenes en el desierto.

Nic Pizzolato es, por encima de todo, un interesante novelista, y como tal ha brillado en la segunda tanda de episodios de True Detective. Si ya en la primera se centró en la escritura como arma principal de la serie, en la segunda se ha volcado por completo hacia esa vertiente. Es el motivo por el que esta segunda temporada ha destacado en los diálogos y monólogos de sus personajes –las enigmáticas conversaciones de bar, el monólogo inicial de Bezzerides en el 2×08 o la despedida que Ray Velcoro graba para su hijo hacia el desenlace del mismo episodio, entre otros. La disposición novelada de los elementos –por momentos recuerda a Galveston, la novela del propio autor– ha favorecido la pausa en la elaboración de los caracteres y la alternación de las cumbres de protagonismo, que han pasado de uno a otro personaje según el episodio y el momento que atravesase la historia. Quizás el ejemplo más evidente de esta idea haya sido el cambio de rol de las dos mujeres, Bezzerides y Jordan, que han pasado de permanecer a la sombra de los hombres a perpetuarse como únicos personajes en pie a la conclusión de la serie, aunque la forma de llegar a esta situación y el papel que juegan los hombres en ella pueda ser, cuanto menos, cuestionable.

La segunda temporada de True Detective ha sido irregular, sí, pero nada tan denostable. Podrá gustar más o menos, pero lo cierto es que muchos de los hándicaps que ha tenido esta temporada ya los vimos, con mayor o menor medida, en la primera entrega. Y en ella, el autor, Nic Pizzolato, absoluta figura central de la obra, ostentaba exactamente la misma posición que aquí. El narrador omnisciente, el autor aéreo.

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Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.