‘Utopia’, el chicle disparatado

¡CUIDADO, SPOILERS!

Contiene algunos datos relevantes de la segunda temporada de la serie.

Cuando al final de la primera temporada de Utopia escribí, aquí mismo, preguntándome si sería necesaria la segunda temporada de la serie se abrió un interesante debate. Algunas opiniones, más o menos vehementes, apuntaban a la necesidad de seguir desarrollando la serie. Otras, más acordes con mi visión, pronosticaban que la segunda temporada podría ser alargar el chicle innecesariamente. Todo esto ocurría antes de la segunda temporada, sólo eran suposiciones; sin embargo, ahora, finalizados los seis episodios, se puede reabrir el debate. Y, yo, me reafirmo: la segunda temporada era prescindible y ha cristalizado en un alargamiento disparatado del chicle.

Si el 2×01 auguraba que mi suposición iba a caer en saco roto, lo cierto es que se trató de un mero espejismo. El inicio de la segunda temporada, con ese retroceso a los inicios de Janus en el que veíamos a Philip Carvel y Milner siendo jóvenes (gran Rose Leslie en su breve papel), fue magnífico. La inclusión de nombres y acontecimientos reales para contextualizar la historia, el formato 4:3, la bioconspiración con el famoso virus, antídoto y médicos… Todo era brillante y auguraba buenos momentos.

Pero cuando la serie decidió volver al presente, todo se volvió confuso y aburrido. En ningún momento la temporada alcanzó las cotas de lucidez de la anterior. No había rastro del factor sorpresa que elevó la primera entrega hasta el pedestal en el que concluyó. Tampoco se intuían aquellos pliegues de unos personajes que nos atraparon en la primera temporada. Ni Jessica (con un aspecto absurdo y un apetito sexual tan voraz como penoso), que se ha vuelto extremadamente plana y plomiza; ni la ya de por sí aburrida Becky, más cansina si cabe en esta segunda temporada; ni el maltratado Grant, ni Ian, ni siquiera el lacónico Arby-Pietre. Ninguno consigue hacer que nos interesemos por su devenir. Si acaso, el personaje cuyo avance se perfilaba como más atractivo era Wilson. Su cambio de bando, su metamorfosis, podría haber dado mucho más de sí, pero al final ha quedado en una serie de planos y frases recurrentes, y en un constante tira y afloja en el momento de volver al redil con sus “amigos”. Su conversión final en Mr. Rabbit, tras la muerte de Milner, no es suficiente por previsible y facilona. Por no hablar del forzado retorno del asesino y torturador de Wilson, el “elegante” Lee. Un total despropósito.

Ni siquiera el giro de los acontecimientos que supuso la aparición de Philip Carvel, que resultó estar vivo y bastante atormentado, ha conseguido acelerar el pulso de la serie. Después de asegurar en varias ocasiones la desaparición total del artífice del experimento Utopia y del reajuste de Janus resulta que estaba vivo y continuaba con sus investigaciones. Si la primera temporada desplegaba un guión cuyos giros y vueltas de tuerca sorprendían y enganchaban, la segunda ha dispuesto un artefacto narrativo torpe y caduco con unos ejes y pivotes demasiado enrevesados. No sería extraño que el espectador se hubiese vuelto loco entre cambios de bando, pareceres e idas y venidas de los personajes. El guión del episodio 2×05, un absoluto disparate, corrobora el bajo estado de forma que ha vertebrado esta segunda entrega de la producción. Un constante y barroco “rizar el rizo”. En este sentido, me permito parafrasear al maestro Jorge Carrión, que en su Facebook explicaba así las sensaciones que le deja esta segunda temporada (yo no podría hacerlo mejor):

“El guion de la segunda temporada de Utopia también es un disparate. Pero sigue siendo la serie con mayor cantidad de planos perfectos que yo recuerde.”

Porque, eso sí, hay que reconocerle a Utopia que en el apartado visual y técnico muy pocas producciones están a su altura. Quizás sea esta la seña de identidad de esta teleficción, el sello que recordemos cuando ya no la tengamos tan presente en las pantallas: su brillantez en lo audiovisual (tanto en la música como en el tratamiento de imagen y colores). La serie ha demostrado saber adaptar su aspecto a las historias que cuenta según sea la necesidad. El cambio de aspecto que va del primer episodio al resto es la prueba más fehaciente de ello. Sin embargo, el guión de la segunda temporada ha corroborado que la trama era perfecta para crear una miniserie de calidad y echar el cierre. Volviendo a citar a Carrión, esta vez en twitter:

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.