‘Vicious’ o «los que se pelean se desean» a la octogenaria potencia

Probablemente nadie dude a estas alturas que los británicos son únicos a la hora de hacer humor en televisión. No creo que haya alguien que lo discuta. Puede gustar más o menos, eso sí, pero ellos saben muy bien lo que hacen.

Hace unos meses me sorprendía el planteamiento de Vicious. ¿Por dónde iban a salir esta vez? Sin embargo, el elenco que comandaba la serie me hizo lanzarme sin duda a verla. La serie se desarrolla casi de manera íntegra en el apartamento londinense de un par de abuelos gays y cascarrabias. Stuart y Freddie, interpretados por Derek Jacobi e Ian McKellen, son una pareja homosexual que lleva junta cuarenta y ocho años de su vida.

Su vida gira en torno a su hogar, donde a menudo les visita su amiga Violet, llevada a la pantalla por una gran Frances de la Tour, que quizás os suene más como Madame Maxime (Harry Potter y el caliz de fuego). Juntos se dedican a rememorar tiempos mejores en sus carreras; de barman, Stuart, y de actor cuyo mayor éxito ha sido un papel de villano en Doctor Who en el caso de Freddie. Es brillante ver como McKellen se da aires de divo venido a menos y espera ansioso cada mañana la llamada que le lleve, por fin, a Downton Abbey.

vicious

Pero Vicious comienza, en realidad, con la aparición de un nuevo vecino, un solvente Iwan Rheon, que rompe completamente con el último personaje que le hemos visto en Juego de tronos, que dará el toque de juventud a la serie y llevará a la pareja (y a la alocada Violet) a vivir situaciones absurdas y comprometidas. Eso sí, siempre con ese punto de cascarrabias que caracteriza a los dos abuelos, y que supone el mayor punto de humor en la historia.

Podría decir que sorprende ver a Jacobi y McKellen interpretando a una pareja de gays (impagable, por cierto, su cruce de piernas simultaneo). Y, en cierto modo, sí, claro que sorprende teniendo en cuenta algunos de sus anteriores papeles (Gandalf, Magneto y el Rey Lear, para McKellen; Francis Bacon o Claudio por parte de Jacobi). Sin embargo, probablemente su condición abiertamente declarada de homosexuales fue una de las razones que impulsaron a Gary Janetti y Mark Ravenhill a escribir Vicious y a otorgarles el protagonismo absoluto.

La serie de ITV (que no deja de hacer guiños a su coloso Downton Abbey, por cierto) es una muestra de histrionismo y exageración, recuerda en este aspecto a otras joyas british como la extinta Black Books (incluso las localizaciones exteriores que aparecen son idénticas). Sin duda te gustará si te gusta el humor sencillo, británico, ese tan especial y que desarrollan tan bien en la isla.

No tiene pérdida, por otra parte, la relación de amor-odio que soportan los protagonistas, con gritos, contestaciones cortantes, insultos (pedazo de mierda es quizás una de las expresiones más repetidas para llamar al partner), pero a la vez con momentos tiernos en los que los dos viejos se convierten en adorables por un momento para después volver a la carga.

Vicious es una fórmula muy divertida que aúna a un gran reparto, tanto de principales como de invitados, véanse como ejemplo de ello Alexandra Roach, recientemente conocida como Becky en Utopia -otra joya de la corona británica-, o la aparición de Judi Dench. Sin duda, si os gustan las comedias que se fabrican en Reino Unido, tenéis que lanzaros ya a ver sus seis capítulos.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.