‘Vikings’; el cielo, y el Valhalla, sobre París

¡CUIDADO, SPOILERS!

En este análisis se revelan datos de la tercera temporada.

París bien vale una misa. Y para la serie de History Channel, media temporada. El asedio a la capital del reino francés, gobernada por el nieto del legendario Carlomagno, que tuvo lugar en torno al año 845, ha sido la línea vertebral de la serie desde el episodio 3×06 hasta el final de la tercera temporada. Tratándose de un canal histórico, la documentación, efectivamente, ha sido el punto clave de la dramatización de la historia.

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La tercera entrega de Vikings ha sabido manejarse entre varios espacios: Kattegat, donde fundamentalmente hemos visto a la reina Aslaug; Wessex, donde hemos seguido las tribulaciones entre aristócratas ingleses y su relación con los asentamientos bárbaros; y París, en la que la tropa acaudillada por Ragnar y los suyos ha centrado la gran parte de sus esfuerzos. La diversificación del espacio ha traído, como no podía ser de otra forma, la permeabilidad de las creencias entre sí. La documentación sobre el Sitio de París indica, en su mayor parte, que ya por aquellos años las creencias vikingas oscilaban entre los dioses nórdicos y los cristianos. Esta imbricación de las creencias ha sido continuamente mostrada en la figura de Athelstan, cristiano converso a las tradiciones paganas, pero nunca lo había sido desde el otro lado. Hasta esta tercera temporada. El asesinato de Athelstan provoca que Ragnar sienta un acercamiento hacia sus creencias, a modo de homenaje, casi como una especie de seguro para volverlo a ver en la otra vida. Este acercamiento a la tradición cristiana provoca, claro, un cierto recelo entre los suyos, siendo Floki, verdadero amante de los dioses, el más afectado.

“Nos has traicionado. Traicionaste tu herencia. Traicionaste nuestro futuro. ¡Me traicionaste a mí! […] Te odio, Ragnar Lothbrok. Y te quiero con todo mi corazón.”

Estas palabras de Floki, ante el cuerpo de Ragnar, cuando todos lo creen muerto y dentro del “barco” que ha creado para su último viaje, ponen en evidencia la continua relación de amor-confrontación-odio que han atravesado los dos personajes durante esta tercera temporada. Esta permeabilización y convivencia de culturas, más o menos conflictiva, ha sido la mayor constante de este bloque. Para el recuerdo queda el final del 3×07 y las poderosísimas imágenes que alternan los rituales paganos, fuera de las murallas, y los católicos, dentro. Vikingos y cristianos, cristianos y vikingos; Lagertha y Ecbert, Athelstan y Ragnar, Athelstan y la princesa de Wessex… Todo ha sido un continuo traspaso de fronteras. Es lo que Rollo, en una de las líneas más brillantes de la serie, en el episodio 3×04, define como:

“Esto es el futuro. No podemos luchar contra todos. Debe haber cooperación, alianzas tal y como las hay entre los dioses. Ese es el camino a seguir.”

Por otra parte, en la primera mitad de la temporada, aunque temblorosa si la comparamos con la segunda, destaca por el misterio que genera la aparición de un misterioso hombre en Kattegat con el que las tres mujeres (Siggy, Aslaug y Helga) sueñan. Esta aparición, que Floki asegurará posteriormente que era el propio Odín, concluirá con la muerte de Siggy en el río tras salvar a los hijos de Ragnar y Aslaug, mientras esta se acostaba con el hombre. Además, la primera mitad de la temporada, más allá de apuntar la política de alianzas y la filtración de ideas que vertebrará el conjunto (anglosajones y vikingos), se basa en un empoderamiento de la mujer, personificado, sobre todo, en la figura de Lagertha, aunque también en la autodeterminación de Porunn para convertirse en guerrera.

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La evolución de Lagertha como personaje ha sido la más relevante, ya no sólo de la temporada, sino de toda la serie. De mujer de Ragnar ha pasado a ser una luchadora más, una comandante del ejército de Ragnar que lucha y aporta estrategias continuamente. Objeto de todos los deseos y dueña de todas las miradas, tanto de condescendencia como de admiración, Lagertha ha sido uno de los ejes sobre los que se ha apoyado un Ragnar que, pese a sus errores del pasado, aún apunta un amor incondicional y una admiración más allá de las diferencias por ella. Hay muchas escenas que apuntan a ese agigantamiento de la figura femenina, pero quizás el ralentí con el que se inicia el ataque a París en el 3×08, en el que la cámara se centra exclusivamente en ella, como comandante de la ofensiva, sea la más ilustrativa. Lagertha es una guerrera que posee exactamente el mismo valor, o incluso más, que el resto de fuerzas bárbaras. Y lo que se puede extraer de su arco narrativo es que, en el futuro, puede acabar por tener un peso primordial en la trama de la serie.

Entre tanto, el clásico episodio de batalla, el 3×08, que ha saboreado nuevamente una dirección magistral, confirmando a Vikings como una de las series con las escenas de acción más portentosas. Además, la continuidad de PJ Dillon en la dirección de fotografía ha conseguido que la serie mantenga una línea y se convierta en una de las teleficciones con mejor factura de la parrilla actual (algo nada baladí, teniendo en cuenta el tipo de ficciones que manejamos ahora). El único desliz de esta entrega de la serie de History Channel proviene del guión y llega muy al final. El giro sorpresivo es efectista, y efectivo si se quiere. Pero ese “caballo de Troya” que Ragnar y Bjorn se sacan de la manga, a pesar de funcionar, supone un engaño total al espectador y a la propia escritura y el truco queda sujetado con pinzas. Ese es el gran resbalón de la tercera temporada. El gran problema de la serie, en general, no dejar morir a sus personajes protagonistas a tiempo. Aunque esto es opinable, por supuesto. Por lo demás, si la segunda temporada ya lo apuntó, la tercera corrobora que Vikings sigue siendo una de las producciones más interesantes y cuidadas del schedule televisivo de los últimos tiempos.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.