‘You’re the Worst’, la sonrisa de una depresión

¡CUIDADO, SPOILERS!

Se revelan datos relevantes de la segunda temporada.

«Could it be worst? […] I will try to fix you…»
Coldplay. Fix You.

De la comedia ligera a la tristeza más absoluta; así ha sido la segunda temporada de You’re the Worst, la serie que probablemente suponga el acercamiento más crudo tanto a la pareja como a una de las problemáticas más extendidas (y silenciadas) en las sociedades actuales: la depresión, sus efectos y sus consecuencias. La ficción creada por Stephen Falk ha seguido explorando, de la misma forma que en su primera entrega, los recovecos, agujeros y vacíos de la relación que mantienen Jimmy y Gretchen. Sin embargo, en su aproximación, esta segunda temporada ha completado la panorámica otorgando algo más de peso al resto de secundarios. La relación (o no relación) que mantienen el escritor y la mánager no ha sido la única incisión a los mecanismos contemporáneos de la pareja; la segunda tanda de episodios se ha permitido explorar este “duelo” desde otras perspectivas: la monotonía del matrimonio de Becca y Vernon (que, recordemos, dio inicio a la serie), la relación rota entre Lindsay y Paul (nuevo amor mediante) o la floreciente pareja formada por Edgar y Dorothy, tan llena de ganas como de dudas.

La segunda temporada se iniciaba con la nueva situación de Jimmy y Gretchen. Viviendo juntos, compartiendo cama cada noche y dejándose “reposar” el uno sobre el otro, los protagonistas de You’re the Worst seguían empeñados en su cruzada extra-romántica, por la que, según ellos, no son, nunca han sido, ni serán pareja. Sin embargo, la repetición de la fórmula introductoria en cada episodio de la primera mitad de la temporada sí trasladaba una cierta monotonía. Como un automatismo instaurado entre los dos a raíz de la decisión de compartir la casa y, por lo tanto, las rutinas, el día a día y la vida, tanto interior como, en cierto modo, exterior. Como si Falk nos quisiese decir: “siguen empeñados en que no, pero a todas luces, sí, son una pareja como tantas otras”.

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La pareja formada por Edgar y Dorothy ejemplifica el crecimiento de los secundarios.

Es entonces cuando Falk introduce un pivote inesperado. Un giro argumental que quiebra todo lo visto hasta el momento y que dota de sentido a todo lo que se había empezado a vislumbrar hasta entonces. El movimiento es inteligentísimo; las consecuencias, devastadoras. La aparente tristeza-ausencia de Gretchen se podía achacar a una cierta inestabilidad emocional provocada por su nueva situación; una especie de inadaptación a una nueva vida en pareja que hasta entonces no había experimentado. Pero no. La carta que se guarda el creador de la serie bajo la manga es mucho más dolorosa. Punzante como una mala mirada, como los ojos perdidos en el infinito de esa Gretchen que se escabulle en mitad de la noche para llorar sin que Jimmy la vea.

“No le puedo decir que mi cerebro no va bien.”

Es la confesión de Gretchen a Lindsay en el 2×07. Dura, certera y real. Es el reconocimiento de que algo falla, algún resorte se ha quebrado otra vez y la depresión ha vuelto a hacer aparición en el día a día de la protagonista. Antes de todo esto, Jimmy, ajeno a lo que ocurre, trata de averiguar por qué Gretchen sale por la noche sola y sin decirle nada. Hasta que, por fin, en el 2×06, la encuentra llorando en su vehículo sin explicarse los motivos. “Si todo nos va bien, no pasa nada entre nosotros”, parece querer decirle Jimmy a su pareja, en un gesto que revela tanto miedo como torpeza. “¿Debo dejarte a solas entonces?”, le llega a preguntar. Quizás para quedarse tranquilo, para librar su conciencia, tal vez porque en lo más hondo de nuestro ser, los humanos somos torpes con las relaciones. O simplemente porque todavía está un paso por detrás.

Gretchen y Lindsay han protagonizado alguno de los momentos más emotivos.

Gretchen y Lindsay han protagonizado algunos de los momentos más emotivos.

Sin embargo, si parece que hay alguien que pueda entender la situación de Gretchen, como le dice Lindsay a ella, es Jimmy. La pareja parece encajar a la perfección. Y tras uno de los momentos más tensos de la temporada (en el que Gretchen insulta a todo el mundo y se vuelve radicalmente contra todos), ella confiesa a Jimmy su situación con una única condición: “no intentes arreglarme”. Pero, claro, ahí está el error. Quizás sea más correcto hablar de confusión. El británico sí intenta (y se ve con la potestad de hacerlo) “arreglar” a Gretchen. Tal vez es el gesto natural, el de la persona que no entiende la enfermedad y lo primero que intenta es curar a la persona. Porque la quiere, porque no comprende que estando bien, alguien pueda estar mal. Esta línea narrativa será la columna vertebral de la segunda mitad de la temporada y conducirá a una de las declaraciones de amor más bellas, sencillas y atípicas de la televisión actual. Solo cuando Gretchen asegura que comprendería que Jimmy se fuese y no quisiese volver a verla, solo cuando le confirma que no puede hacer nada por cambiar (“Me he quedado sin intentos; ahora soy así y no te parece bien, ni siquiera tiene que parecértelo”), incluso tras animarle a que salga con la chica con la que él le confiesa haber mantenido una serie de encuentros (“Pásalo bien, te lo mereces, con quién quiera que sea ella”), él se da cuenta de que la única opción de querer a Gretchen es comprenderla; y viceversa. El momento es bellísimo, las decisiones del creador, la economía del lenguaje en la escena clave y todo lo que rodea a la secuencia (la música, los encuadres, la puesta en escena) es excepcional. Una tienda de campaña basta para demostrar que el escritor está con Gretchen, que no quiere otra cosa que eso. “Te has quedado” es la única frase que ella le dice antes de romper a llorar y abrazarle hasta concluir el 2×12 y dar pie al final de temporada. La frase es más que suficiente; su sencillez esconde toda la complejidad y el aparataje de una relación, de todas las relaciones. A veces, las frases con pocas palabras expresan mucho más que un párrafo, una página o un libro. Porque en ellas se domina lo esencial. Como también lo contiene la última conversación que mantiene la pareja antes del fundido a negro en el 2×13, en la que, barnizada con una aparente sencillez y banalidad, se encuentra otra incuestionable declaración de amor.

“Voy a hablar de esto con alguien. Algún médico. Puede que piense sobre la medicación. Siempre he sido solo yo, ¿sabes? Ahora ya no.”

Porque solo con estar, con apoyar en silencio, a veces es suficiente, incluso más que eso. Y no solo en este caso. You’re the Worst indaga en los mecanismos de la pareja y en los de la enfermedad mental discurriendo de lo particular a lo general. La serie creada por Stephen Falk se ha ganado por sí misma la definición de anti-comedia romántica. Un tratado sobre el amor, el respeto y la comprensión hacia la pareja. Un acercamiento a la contemporaneidad, tanto la del amor como la de la depresión, la de la mentalidad, la mente colectiva. Una vuelta de tuerca al “chica conoce a chico” (o viceversa) en el que la mayor muestra de amor es, como le dice Lindsay a su mejor amiga Gretchen, no tener que ocultar las manchas de la ropa.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.

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