Zombies’ rehab

Hay géneros que se explotan hasta la saciedad, ante la falta de ideas, directores, guionistas y productores recurren y reinciden en las mismas ideas, tópicos y estereotipos, y tan solo en ciertas ocasiones aflora verdaderamente la originalidad, proponiendo nuevas perspectivas y enfoques desde donde abordar cuestiones y situaciones cotidianas.

La pasada primavera la BBC presentó una serie de lo más peculiar: In The Flesh. Ambientada con un trasfondo zombi, como The Walking Dead, pero donde la acción y la subtrama zombi carecen de relevancia para el desarrollo de la trama principal. La serie nos traslada a una realidad paralela donde en el año 2009 los muertos resurgieron de sus tumbas atacando a la población. Ante la incapacidad del gobierno para hacerse cargo de la situación, surgieron una serie de grupos paramilitares que tuvieron que tomar la iniciativa y ser ellos quienes defendiesen a los habitantes.

Hasta aquí no difiere para nada de otras tramas del subgénero zombi pero, como en Warm Bodies, (donde los zombis se curan por el amor humano), en la serie, desde un punto de vista mucho menos romántico y sentimental, es la ciencia la que encuentra la cura. Sí, en la Inglaterra de la serie, los podridos, como son llamados los zombis, se curan, aunque no del todo. Sin embargo, renacer trae consigo ciertas consecuencias psicológicas y sociales.

La palidez del rostro y los ojos alterados de los podridos se mimetizan con la frialdad de la escena, resaltando los colores fríos culturalmente asociados a la soledad y oscuridad, de los cuales se vale la serie para evidenciar el temor y rechazo que se respira en Roarton (pueblo ficticio donde transcurre la trama) a causa de la reintegración de los PDS (Partially Deceased Syndrome – Síndrome de fallecimiento parcial) en la sociedad, así como el distanciamiento y marginación que estos experimentan tras su reinserción.

Esta miniserie de tres capítulos, de la cual ya han anunciado segunda temporada, se centra en la vida de Kieren, un chaval de 18 años, víctima del PDS, es decir, un zombi tratado. Kerien, así como muchos otros, ha de regresar junto a su familia y buscar la reintegración en la nueva Roarton. En la comunidad de Roarton las repercusiones del amanecer (nombre con el que se refieren al despertar de los muertos) han trasportado a sus habitantes a un régimen arcaico donde, como antaño, las figuras e instituciones religiosas ejercen el peso de su dialéctica para influir en la política que dirimirá el destino del grupo. Las escaleras de la taberna del pueblo se han convertido en el estrado de una asamblea, donde el vicario y el capitán del CVH (Cuerpo de voluntarios humanos) se valdrán del miedo, angustia y fanatismo religioso de los habitantes para nutrir y fortalecer sus decisiones. El pueblo simbolizará las paupérrimas ciudades-estado de tiempos griegos donde unos pocos se valen de discursos y exaltaciones para hacer prevalecer su puntos de vista.

La sociedad en general, no solo Roarton, rechaza los PDS. De esta situación de rechazo se vale la serie para realizar un símil con la historia de la humanidad donde muchas comunidades a lo largo de los siglos se han opuesto al regreso e integración en la sociedad de diferentes grupos o etnias. Sin ir más lejos, hoy en día, en España hay cierta controversia ante una situación de este estilo debida a la excarcelación de criminales. No quiero entrar en juicios de valor, tan solo incidir en que las series, como cualquier otra forma de expresión, en ocasiones para alimentar la ficción se valen de realidades, invitándonos a una introspección de nuestra sociedad, tal y como hizo Neill Blomkamp en Distrito 9, “una película con inevitables paralelismos con el ahora acabado apartheid de la segregación racial”, como dijo Roger Ebert para el Chicago Sun-Times.

¿Qué es lo que realmente ha pasado? ¿Por qué se produjo? ¿Cuál fue el detonante? ¿Es una plaga, un virus, un castigo divino…? Son preguntas que la serie no se planteará, o por lo menos en esta primera temporada, renunciando quizá para algunos a un importante filón de la trama. No argumentará explicaciones coherentes para sustentar el problema de los muertos vivientes, sino que estos son el detonante que permitirá la constitución de una serie de circunstancias desde las que abordar los temores, miedos y prejuicios de las sociedades presentes.

Guillermo García Ors

Madrileño que no concibe un mundo sin el séptimo arte. Estudiante de Medicina, pero fascinado por la Literatura en todas sus expresiones. Buscador de nuevas experiencias.