‘Ballers’, it’s all about the motherfucking money

Cuando en los créditos finales del 3×09 resuenan los versos de Troy Ave en los que se asegura que “todo es cosa del puto dinero”, la tercera temporada de Ballers parece estar cerrando su circunferencia. Strasmore, Krutel y el resto del equipo parecen cada vez más cerca de su idea de trasladar los Raiders a Las Vegas. Sin embargo, justo antes, como giro final del episodio y plot twist de la tercera tanda, un sismo ha destrozado su plan. Y sí, efectivamente se trata del dinero de un nuevo multimillonario que hace tambalear su calculada estrategia y que, sorprendentemente, abre los ojos al Spencer más romántico. Ese que en el 3×10 asegura, en una ruptura absoluta con lo que había venido pergeñando, que “el fútbol es realidad”; sentimiento y pertenencia. Ese Spencer que trata de convencer a los magnates de la Liga de que el nuevo proyecto de los Raiders no tiene por qué abandonar Oakland ni dejar huérfanos a sus hinchas.

Toda la tercera tanda de Ballers se ha centrado en esta idea: la posible mudanza de los Raiders de una ciudad a otra y los intereses económico-políticos que se ocultan tras la misma. Un tema que ha servido a Steve Levinson para reflexionar, entre otras cosas, sobre lo poco que empiezan a importar los aficionados en esto del deporte. It’s all about the motherfucking money. Again. De nada valen ya los romanticismos. Frente a ellos, los ceros billonarios solo son molinos contra los que luchar, pelearse y, en efecto, terminar perdiendo. De esta manera, la trama central de esta entrega ha profundizado en esa línea de la serie de desnudar la cara B y los tejemanejes del deporte más allá del propio terreno de juego. Ballers sigue siendo una teleficción sobre el football, pero sin el football.

El ‘football’ sin el juego.

No obstante, pese a su atención constante a los despachos y las oficinas, la producción de HBO no ha dejado nunca de atender a los propios jugadores. Nunca ha abandonado su mirada ácida, y con cierto grado de comedia crítica, a la existencia paralela en la que viven los deportistas. Porque, sí, en efecto, la frase de Spencer que asegura que “el fútbol es realidad” es cierta. Pero también lo es que esa realidad tiene más que ver con la masa social que con los actores que operan sobre yardas, canchas y coliseos. Y para dejar clara esa distancia entre la vida de a pie y la de los Jerret, Vernons, etc., Ballers ha vuelto a apoyarse en las pequeñas subtramas de estos últimos. Los lujos de Ricky han dado la alternativa a la alocada empresa de marihuana de Littlefield como ejemplo de ese mundo arcoíris en el que se desenvuelven los jugadores, cuya burbuja trata de pinchar Strasmore como el pastor que procura llevar a las ovejas al redil.

Sin embargo, que los protagonistas de Ballers permanezcan desconectados del mundo real en muchas ocasiones no significa que la ficción también lo esté. Al contrario, la obra de Levinson ha tratado de ofrecer una mirada (es cierto que tal vez muy epidérmica) hacia problemáticas relacionadas con el football como la conmoción cerebral (concussion) que ha llevado a Ricky a abandonar temporalmente su carrera, también para dedicarse a cuidar de su futuro hijo mientras se recupera. Por otra parte, la línea argumental del receptor también ha servido para reflexionar acerca de las filtraciones (rickyleaks) de videos y demás archivos que se dan en torno al starsystem (3×07). Pero no solo de Jerret vive la producción (aunque seguro a muchos/as no les importaría). También el arco dramático de Strasmore ha dejado un espacio para su vida personal, esa que siempre nos ha ofrecido el equipo de guion de una forma muy furtiva. En este caso, su crisis de mediana edad ha actuado como catalizador de esta aproximación a lo íntimo. Las dudas sobre su fertilidad, resueltas con unas pruebas en mitad del arco, se han unido a la repentina llamada de la paternidad del exjugador, que ha provocado una torpe reacción en su relación con Chloe.

De esta forma, como decíamos al principio del análisis, la decena de capítulos que han conformado este nuevo acercamiento a las bambalinas del fútbol americano se han dedicado a abrir y cerrar círculos. Así las cosas, si en el 3×01 la narración aludía a un Stephen Curry que llegaba a aparecer en un cameo durante el episodio, el 3×10 ha tenido su correspondencia con una mención a los Golden State Warriors que ha funcionado, además, como anuncio de lo que está por venir en la cuarta temporada. La expansión de ASM hacia otras disciplinas deportivas. La constatación de que, efectivamente, muerto ya el romanticismo, el deporte moderno es all about the motherfucking money.

Jesús Villaverde Sánchez

Periodista cultural. Crítico literario y cinematográfico. Escritor y lector.