‘Real Humans’, rabia contra la máquina

El progreso nunca ha sido fácil. Cada innovación tecnológica siempre ha ido acompañada de una espontánea reacción opuesta por parte de un grupo social que se siente amenazado ante el cambio. En el siglo XIX, en plena expansión de la revolución industrial, surgió en Inglaterra un violento movimiento sindical que ante la bajada de salarios y los despidos se dedicó a boicotear las fábricas y promover el odio a las máquinas. Se hacían llamar luditas o ludistas, seguidores de Ned Ludd, un lider ficticio inventado por el propio grupo obrero con el fin de que las autoridades nunca pudieran descabezar la rebelión.

En la serie sueca Real Humans (Äkta människor), escrita por Lars Lundström, asistimos a una lucha similar. Situada en un presente alternativo en el que los androides, robots humanoides, o «hubots», como los llaman en esta ficción televisiva, son una realidad, la serie analiza el confrontamiento social que supone la convivencia de estos seres artificiales inteligentes con el resto de la humanidad. En este sentido, Real Humans no se deja nada: desde los hubots diseñados para cuidar a nuestros ancianos, los hubots domésticos, la prostitución de hubots, el mercado negro, los humanos que se enamoran de hubots , los hubots en las fábricas y el desplazamiento de los obreros humanos…

Pero donde Real Humans profundiza más es en la clásica pregunta de la ciencia ficción con androides, ¿qué diferencia hay entre un robot y un humano? David Eischer, un creador de hubots, decide explorar las posibilidades de la inteligencia artificial de estas máquinas hasta «liberarlas», dotarlas de libre albedrío, y por lo tanto acortar su diferencia con los seres humanos. Estos hubots liberados, conscientes de su propia existencia, se consideran seres vivos artificiales y buscan un reconocimiento social, un trato justo alejado de la explotación que sufren sus compañeros mecánicos. Esta particular lucha de igualdad social se verá confrontada (o complementada) con la del grupo terrorista de humanos anti-hubots que da nombre a la serie, Äkta människor, y que busca acabar con todo rastro de estos fríos seres artificiales a los que denominan ofensivamente «pacmans«.

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En lo argumental, Real Humans no plantea nada que no hayan planteado previamente Asimov y Philip K. Dick, quienes prácticamente agotaron el tema con sus novelas y cuentos cortos. De hecho a medida que avanza la serie veremos guiños o referencia a las tres leyes de la robótica, a Yo, Robot o a ¿Sueñan los Androides con ovejas eléctricas? Real Humans no pretende por lo tanto reinventar el género, sino analizarlo de cerca, desde una perspectiva más madura y sociológica. Todo ello, eso sí, con una estética muy cuidada, buenas interpretaciones (llegamos a olvidar que los hubots son actores) y con algunas referencias al cine de Cronenberg, sobre todo en el caso Leo, una especie de ciborg híbrido humano-hubot.

Sin embargo, el problema que acarrea Real Humans es precisamente el querer abarcar demasiadas tramas al mismo tiempo, haciendo que todas estas avancen muy lentamente y dejando una primera temporada excesivamente larga, que habría quedado perfecta con la mitad de capítulos. Ya se ha anunciado el lanzamiento próximamente de la segunda temporada, donde esperamos que mejoren estos flecos sueltos.

No se ilusionen, Real Humans no es una Black Mirror sueca, ojalá, pero carece de la oscuridad y crudeza de la serie británica. Real Humans se deja llevar por el desarrollo de las tramas, olvidando concretar sus planteamientos. Sin embargo el planteamiento es interesante, nunca se había visto algo similar en una serie de televisión, excepto quizás en Battlestar Galactica, claro. Pero la perspectiva de Real Humans es más madura, más reflexiva. Los Hubots son la excusa perfecta para hacernos reflexionar sobre nosotros mismos, sobre nuestra propia condición humana.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.