‘The driver’ y el complejo de Walter White

El perfil del paciente es recurrente: hombre común, de mediana edad, con altas habilidades intelectuales desperdiciadas en un trabajo de mierda y oprimido en una familia disfuncional.

Los síntomas: ansiedad, furia, necesidad de recuperar el control y el respeto de los demás, anhelo de excitación y poder. Los pacientes suelen rodearse de malas compañías, actuando al margen de la legalidad.

Las potenciales consecuencias: daños y víctimas colaterales, malas relaciones con las autoridades, distanciamiento familiar, arrepentimiento ocasional.

La furia del taxista

Analicemos un caso concreto: el taxista Vince McKee, protagonista de la miniserie de la BBC The driver, se encuentra con la oportunidad de añadir un poco de emoción a su triste vida y ganarse un sobresueldo haciendo de conductor ocasional para un grupo de mafiosos.

Pero lo que al principio parece sólo adrenalina y dinero fácil acaba por complicarse arrastrando a Vince a una espiral delictiva de la que salir resulta mucho más difícil salir de lo que resultó entrar.

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La miniserie británica de tan solo tres episodios de una hora, se desarrolla (como suele ser habitual en este arquetipo) en una historia de tres actos: despertar, apogeo y caída. En el despertar se busca nuestra empatia con el personaje, mostrándonos su miserable existencia, su rutinario y poco gratificante trabajo y la indiferencia que encuentra en casa por parte de mujer e hija.

Se trata de intentar justificar las decisiones posteriores del protagonista como consecuencias de sus circunstancias actuales y no como lo que realmente son, manifestaciones de su ego. Pero la justificación es necesaria, sobre todo en la conciencia del personaje. Si Walter White explica inicialmente su motivación como consecuencia del cáncer y la necesidad de dejar un colchón económico a la familia en caso de acabar a dos metros bajo tierra, en el caso de Vince será su hijo mayor, quien hace años escapó de casa y se unió a una secta, el chivo expiatorio de las malas decisiones tomadas por el taxista.

El legado de Heisenberg

En una situación muy parecida a la de Vince se vieron envueltos Kevin Weatherill, aquel contable gris de Happy Valley que hizo tratos con quien no debía, o el más conocido Lester Nygaard, cuyo salto al lado oscuro pudimos seguir en la estupenda Fargo.

Todos ellos son en parte herederos del camino trazado por Vince Gilligan con Walter White, quién no inventa el arquetipo de hombre normal en su descenso a los infiernos (de hecho podemos remitirnos a Fausto), pero lo pone de moda. Si actualmente podemos ver en la tele un número considerable de series inspiradas por Twin Peaks (The Killing, Broadchurch, True Detective…), no son menos las que nos recuerdan en algún aspecto a la magnífica (y clásica ya) Breaking Bad.

Curiosamente ninguna de esas series se atreven a llegar tan lejos como la de Gilligan. Los protagonistas de todos los ejemplos citados acaban sintiendo arrepentimiento, cobardía o directamente fracasando. The driver es un claro ejemplo. Cuando Vince McKee comienza a verle las orejas al lobo se asusta y retrocede, su moral no le permite ir más allá, se da cuenta de que ser malo es mucho más que fingir una pose de tipo duro.

La extinción del macho alfa

¿Qué ha pasado con el tipo duro? Se pregunta Tony en la consulta de la psicóloga. La postmodernidad ha acabado con ellos. La reconfiguración de los roles de género de los últimos cuarenta años ha tenido un enorme impacto en el papel clásico de «lo masculino». Los hombres del siglo XXI han perdido la sensación de control, su ego se encuentra subordinado a las órdenes del jefe y las decisiones de la familia.

What happened to Gary Cooper? The strong, silent type.

Tony Soprano

La ficción televisiva más reciente habla del actual empoderamiento de la mujer, dándoles a ellas el papel de fuertes protagonistas. Pero también nos habla de su reflejo, la nostalgia por la masculinidad perdida, en series como Los Soprano, Breaking Bad, The Walking Dead o The Driver. Todas ellas tienen protagonistas de carácter, inteligentes y ambiciosos. En otra época podrían haber sido Gary Cooper, pero en el mundo que les ha tocado vivir se ven frustrados y desplazados, obligados a recuperar el respeto que necesitan de la única forma que saben, rompiendo las reglas del juego.

Jorge Dueñas Villamiel

Diseñador digital e historiador del arte. Pensando en imágenes desde 1984.